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Librería (por Pelitos)

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Hola, mi nombre es Teresa, soy aficionada a la literatura y me gusta escribir. La historia que a continuación voy a contaros, es verídica y está cargada de un alto contenido erótico.
Por tanto como la otra persona que aparece en este relato, suele frecuentar casi a diario esta página, le cambiaré su nombre de pila  y lo llamaré; Luis.

Hace algo más de dos años, vi un anuncio en una página web dedicada a la literatura, donde buscaban a una persona para trabajar en una  pequeña librería de Barcelona. Al ver este anuncio, llamé y pregunté por sus condiciones laborales. El sueldo era muy escaso, pero por contra, ofrecían una habitación a modo de alojamiento, encima de dicho negocio.
Como la vida no me había tratado muy bien hasta este momento y en mi Bilbao natal, tenía que vivir con mi hija, en casa de mi madre. Decidí hacer las maletas y trasladarme a Barcelona. Un cambio de aires, tal vez me sentaría bien. Leer completa ‘Librería (por Pelitos)’

En Seco (Glock)

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Nunca he llegado a entender porque mis pasos me llevaron hasta la puerta aquella antigua peluquería. Cosas del subconsciente, supongo. Me quedé parada en la puerta, indecisa. A través del cristal, podía ver a una mujer de espaldas, barriendo. Debía rozar la treintena, y cuando se giró pude ver su rostro de facciones angulosas y su pelo cortado a cepillo teñido de color rubio, un color que hacia juego con los dos aros dorados que colgaban de sus orejas. Algo me impulsó a entrar, y al oír el ruido de la puerta, ella empezó a decir que ya estaban cerrado, pero al girarse y verme, no acabó la frase, simplemente me espetó un: “si quieres esperar, siéntate ahí”. Leer completa ‘En Seco (Glock)’

La Payasa (mdj y Maca)

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Lucia una joven de 23 años con el pelo negro, liso y por mitad de la espalda, su flequillo era su seña de identidad. En 23 años nunca se había visto sin el. Acababa de terminar sus estudios de administrativo y no conseguía encontrar trabajo a pesar de lo sexy que estaba. Era un poco creída y eso la había llevado a rechazar varios trabajos ya que no eran lo que esperaba. Un buen día caminando por la calle se fijó en un cartel que había pegado a una farola:

“BUSCAMOS CHICA JOVEN, CONTRATO DE LARGA DURACIÓN, BUEN SUELDO”. Leer completa ‘La Payasa (mdj y Maca)’

Ana y Silvia (Maca)

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Ana y Silvia, eran amigas desde la infancia, pero con el paso de los años, Ana se había convertido en una chica muy pija. Todo tenia que ser de marca y saber adaptarse a la situación era para ella lo mas importante. Cuidaba hasta el mas mínimo detalle, su peinado tenia que saber adaptarlo.

Silvia por el contrario, no era pija, pero en muchas ocasiones Ana la tenia envidia.

Un día viendo una revista de moda, salían varias chicas con la cabeza rapada y esto origino una conversación entre ambas que poco a poco estaba llegando al punto clave:

Lo que te digo Silvia, aunque este rapada, el look que lleva la queda bien.
A mi eso no me gusta, luego que haces ¿te pones una peluca, que no te pega nada y aguantas? ¿O cuando te crezca te la quitas y dices que te has rapado?
No todo el mundo vale para hacer eso, mi flequillo es sagrado.
¿Llegarías a dejártelo como un chico, pero con tu flequillo?
Pues si, además rubita que soy, mucho mas guapa, y si piensas que lloraría vas lista.
No te digo que llores, simplemente te digo que te ha de pegar, lo mismo te lo cortas o te rapas y no te queda bien, por muy bonita que tengas la cara.
¿Tú te lo harías?
Ana, no, así de claro, me gusta como tengo el pelo y ya esta, si no te gusta no mires, así de claro te lo dejo, no todo es moda, también están los modales.
Eso son tonterías.
Tonterías no, así que si estas dispuesta… aquí estoy. Leer completa ‘Ana y Silvia (Maca)’

Rapada ¿forzada? (Glock)

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De repente, en el transcurso de la conversación, acercó sus labios a mi oreja de forma sutil y me dijo: “hazlo”. La miré extrañado. ¿Qué quería que hiciese?. “Córtame el pelo. Rápame. Ya.”-me susurró de forma sensual. Debió notar mi mirada suspicaz, ya que me agarró de la mano, y tras formular una estúpida excusa de despedida a sus amigos, salimos a la calle a coger un taxi. No sé si serian las copas de más que habría tomado, pero durante todo el camino, no dejó de morderme la oreja, mientras me decía lo que tenía que hacer con su pelo. Tras pagar y salir del taxi intentando disimular mi erección, logramos entrar en el ascensor, esquivando a una pareja que salía de él en ese momento. Apoyó su espalda en una esquina y llevándose las dos manos a la cabeza, empezó a remover su pelo, diciendo que estaba cansada de él, que lo quería todo fuera, que no quería que su belleza dependiera de él nunca más… Leer completa ‘Rapada ¿forzada? (Glock)’

Nuevo chat!

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Tras varios intentos ya está instalado el nuevo chat dentro de una barra de herramientas que ofrece Wibiya para WordPress.

¿Cómo funciona?

En la barra inferior de la página web tenéis varias herramientas de información que muestran los usuarios conectados, traducir la página y, al final a la derecha, entrar al chat:

Al hacer click en ‘Join Chat’ aparece el siguiente cuadro para conectar:

Como véis, permite conectar utilizando una cuenta de Twitter, Facebook o, si no se dispone de éstas, introduciendo un nick como en cualquier otro chat.

Una vez hecho esto aparecerá el chat con la columna de los usuarios conectados a la derecha y unos iconos arriba para herramientas, ajustes y una novedosa función: opcionalmente, los usuarios que deseen pueden emitir vídeo por webcam haciendo click en “Start Broadcasting”.

Corte de pareja (Maca)

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Virginia, era una chica de 24 años, estudiante de periodismo que acababa de terminar el curso y se disponía  a pasar el verano. Estaría unos días mas en el piso que tenia a las afueras de la ciudad.

Uno de los días salio de compras y a la hora de pagar la cajera no tenía cambio  por lo que decidió, ir a cambiaren una peluquería que había enfrente, donde aceptaron cambiarle el billete. Mientras esperaba se fijo en un niño al cual en pocos segundos habían reducido su pelo rizado a la nada. Según su madre, así le duraba todo el verano. Después de pagar y volverse a su casa, durante parte del día no se podía quitar la imagen del chico de la cabeza. Ella se tocaba su larga melena ondulada de color castaño claro medio anaranjado, la cual era su seña de identidad para todo el mundo, igual que su flequillo hasta la altura de las cejas y con mucho volumen.

Conforme pasaba el día poco a poco se olvidaba de aquella imagen, hasta que llego la noche y se fue a dormir. Entonces fue cuando tuvo un sueño, se despertó, fue al cuarto de baño, se miro en el espejo, y de nuevo se fue a la cama intentando dejar la mente en blanco. Leer completa ‘Corte de pareja (Maca)’

El primer corte de Julia (Maca)

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Julia era un chica de 23 años estudiante de magisterio, vivía sola en un piso a las afueras de la ciudad, un día aprovechando que no tenia nada que hacer, había terminado el curso, y decidió arreglarse el pelo, ya que lo tenia demasiado estropeado. Había descuidado su larga melena castaña durante tanto tiempo, que ya era hora de arreglar y empezar a lucirla en condiciones. Harta de su peluquera habitual, decidió cambiar de lugar, pasar mas desapercibida e incluso pensó en un cambio mas acusado, al final y después de muchas vueltas, todas las que veía estaban llenas, encontró una voy que estaba sola y se decidió entrar.

- Buenos días, ¿tienes gente o me puedo quedar?
- Buenos días, pasa siéntate, ahora estoy contigo.

El peluquero era un chico joven, no más mayor que ella, muy educado, vestido de manera informal, pantalón vaquero, polo blanco y zapatos. El local no era muy grande, pero estaba bien equipado, dos sillones, muy modernos, lava cabezas, de ultima generación…

- ¿Qué quieres que te haga?
- Las puntas y un repasito. Lo tengo muy dejado y se mota mucho.
- No te preocupes, siéntate aquí, te lavo y empezamos. Leer completa ‘El primer corte de Julia (Maca)’

Así comenzó todo (Marta Wahl)

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Creo que todo comenzó cuando era pequeña. Tendría seis o siete años y me encontraba en la habitación de juegos de casa, junto con mi hermano. El con su pelo más o menos largo por las orejas y yo con la triste melenita corta que mi madre me repasaba cada cierto tiempo.

Estaba jugando mi hermano con un coche automático y, en un momento de descuido, lo cogí y se me ocurrió encenderlo pasándolo por su cabeza. Ya os podéis imaginar la que armé. La siguiente escena ocurrió en el baño de casa. Yo, asustada por lo que había hecho, veía a través de la puerta como mi madre cortaba con tijeras el enredo de pelos de las ruedas del coche. Las tijeras pegadas a la cabeza y los pelos de mi hermano por el suelo.

Al rato llegó mi padre y mi madre le contó todo. Tras ver a mi hermano, despeinado, con los pelos más largos por los lados que por arriba, mi padre fue al baño, abrió un armario y con la cara de pena de mi madre, le encendió la máquina en la cabeza. El pelo rubio de mi hermano dejaba ver su cráneo. Mi hermano asustado lloraba sin parar los pelos se iban quedando pegados a las lágrimas por su cara. Tras un rato, quedó irreconocible con una cabeza pequeña y apenas unos milímetros de pelo. Yo sin embargo, me divertí y en días siguientes le tocaba la cabeza jugando a mi hermano.

Han pasado veinteaños de eso, pero yo en mi adolescencia he seguido haciendo de las mías. Ahora yo tengo el pelo más largo pero a mi me gusta ver a algunas con el pelo corto. Cuando estudié secundaria, salía de marcha con Ana, una amiga que a menudo presumía de su larga melena negra. La verdad es que era un pelo bonito, pero dejó de serlo para mi :) Leer completa ‘Así comenzó todo (Marta Wahl)’

El primer corte (Fran)

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Siempre había odiado ir a la peluquería. Desde pequeña, mi madre me dejó crecer una larga melena castaña y extremadamente lisa que lucía con orgullo en el colegio. Un par de veces al año la acompañaba a su peluquera para que me retocara las puntas, y a lo más que había llegado fue a dejarme un flequillo recto sobre los ojos un año que se puso de moda. Y siempre donde Carmen, la peluquera que tenía su coqueto salón a escasos metros de mi casa, una señora que lucía con orgullo su media melena entrada en canas, a la que jamás ví darse un tinte para disimularlas. Desde que cumplí los 16 años mi madre ya no me acompañaba, era yo la que decidía cuándo tocaba un repaso a mi melena, y jamás me salía de lo establecido: un par de centímetros por detrás para sanear el cabello y punto.
Un sábado por la mañana, ya con 19 años, ví que ya era hora de un retoque, así que pedí dinero a mi madre y fui donde Carmen como había hecho siempre, pero al llegar a la peluquería me encontré con un cartel que decía “Cerrado por enfermedad”. Quedaba una semana para vacaciones, y tenía planeado irme 15 días con unos amigos de acampada, y nada más volver me iba con mis padres otros 15 días a la playa, y sabía que mi maltrecho pelo no iba a aguantar tanto tiempo, por lo que decidí dar una vuelta en busca de otra peluquería que me sacara del apuro.
Me crucé con un par de salones, pero estaban repletos de gente, y no hay cosa que más odie que esperar en una peluquería leyendo revistas del corazón, así que seguí buscando. Me fui alejando de mi barrio, y todas las peluquerías que me encontraba eran de las de esperar un par de horas. De repente, al volver una esquina, vi una de caballeros completamente vacía, con un señor dentro entrado en años vistiendo un batín blanco sentado en un viejo sofá leyendo el periódico. Pensé en la suerte que tienen los tíos en este tipo de cosas. Sus cortes de pelo rara vez duran más de quince minutos, y la gran mayoría sólo acude cuando ya nota que su pelo no se puede manejar. Pasé de largo, y al poco rato vi otra peluquería, en este caso unisex, pero también repleta de gente en las sillas esperando su turno. De pronto me paré a pensar….un lavado de cabeza y un corte de puntas seguro que es capaz de hacérmelo aquel señor aburrido en su sofá. Además, se estaba haciendo tarde,era casi la hora de cerrar, así que, tomé aire, volví sobre mis pasos, y tras pensármelo un par de veces, decidí entrar a la vieja peluquería masculina.
El típico sonido de campanillas de la puerta hizo que el peluquero se levantara como un resorte. Yo notaba como los colores se subían a mis mejillas, pero ya estaba dentro…

- Hola….quería lavarme la cabeza y recortarme un poco las puntas…usted me lo puede hacer?

El tipo dejó el periódico sobre la mesita que estaba situada delante del viejo sofá, y sin pronunciar palabra alguna, me invitó a sentarme en el único sillón de eskai que presidía su local. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, y tuve ganas de salir corriendo, pero me sentí paralizada y hasta cierto punto sumisa. El tipo reguló la altura del mismo hasta que se vió cómodo, y todavía sin mediar palabra, me colocó una tira de papel alrededor del cuello y posteriormente una vieja capa de color morado que me cubrió por completo. En ese momento miró su reloj, y viendo que iba a ser su último cliente, dió la vuelta al cartel de la puerta, cerró con llave y bajó la persiana del pequeño ventanal que se mostraba a la calle. De pronto me vi atrapada en manos de aquel tipo, entrado en canas y de pelo desaliñado. Por fin dijo sus primeras palabras…

- Con el calor que hace, no se cómo los jóvenes de hoy en día estáis a gusto con semejantes melenas. No entiendo que un chico como tú luzca estos pelos, la verdad…

¿¿¿Chico??? Me quedé petrificada!!! Vale que no soy ninguna belleza, pero de ahí a confundirme con un chico va un mundo! Me fijé instintivamente en el espejo, y desde luego mis pechos son pequeños…repasé mentalmente la ropa que llevaba, que la enorme capa me impedía ver, y llevaba unos vaqueros ceñidos y una camisa de mi padre que mi madre había reconvertido en una blusa, pero que me quedaba muy holgada, y todo eso rematado con unas zapatillas de deporte….nunca me arreglo los sábados por la mañana! Además, iba sin maquillar…para qué? Quise reaccionar, decirle que era una chica, pero fue empezar a balbucear cuando me interrumpió….

- Mira, te voy a hacer un favor, a tí y a tus padres, que seguro que ellos me lo agradecerán. Y ya verás qué bien te ves con un pelo decente.

Yo quería echar a correr y salir disparada de aquel sitio, pero me quedé paralizada. Quise abrir la boca y decirle que estaba en un error, que yo era una chica, pero los nervios me bloquearon. Cuando quise darme cuenta, el tipo ya estaba cogiendo un peine y una tijera del pequeño mostrador junto al espejo. Traté de decirle algo, pero las palabras no salían de mi boca. Para cuando asimilé todo aquello, de tres trasquilones se había llevado media melena. El tipo fue cortando sin pudor sin que yo fuera capaz de emitir sonido alguno. Sin medida alguna, fue cortando primero por detrás y luego por los lados, mientras yo cada vez estaba más paralizada, no podía creer lo que me estaba sucediendo!

Llegó un momento de resignación, mi cerebro era incapaz de transmitirle a mis cuerdas vocales palabra alguna, y entonces ocurrió algo que me dejó aún más atontada: giró el sillón y me puso de espaldas al espejo. No podía ver nada de lo que me estaba haciendo!!! Veía caer mechones de pelo sobre mis hombros, a la vez que las lágrimas caían sobre mis mejillas. Su reacción al verme me dejó helada…

- No lloriquées, ya verás lo guapo que vas a quedar, no va a haber chica que se te resista!

De pronto dejó el peine y las tijeras en el mostrador, y le vi cómo cogía una maquinilla eléctrica, a la cual, tras limpiarla con una pequeña brocha, añadió un peine de esos para delimitar el corte. La resignación se había apoderado de mí. El peine que puso era tan corto que apenas se notaba en la máquina, y comenzó a pasármelo por el cuello. Por vez primera en toda la mañana tuve una sensación agradable, y es que, resignada a mi suerte, traté de disfrutar un mínimo de aquella chapuza. La máquina recorrió desde el cuello hasta la coronilla, para después afrontar los laterales. Mis pequeñas orejitas salían a la luz, aquellas que apenas mostraba en alguna ocasión que me recogía mi melena con una coleta. Terminado el trabajo en los lados, giró bruscamente el sillón y me puso de cara al espejo. ¡No me lo podía creer! De mi querida melena apenas quedaban unos mechones frontales que rápidamente quedaron casi reducidos a la nada con las tijeras. Apuró tanto que mi flequillo casi nacía y moría en el mismo sitio. Al verme en el espejo ya con casi todo el pelo rapado, intenté asimilar aquel cambio, mientras el tipo no paraba de cortar y cortar…..

En contra de lo que había pensado durante toda aquella tortura, no me veía mal! El barbero siguió apurando mechones, cada vez más cortos, hasta dejarme un cabello completamente imposible de peinar. Por primera vez en toda la mañana, mi gesto cambió. El pelo corto-cortísimo acentuaba mis facciones, dejaba ver mis pequeñas orejitas que no eran tan feas como las había imaginado, y el mini flequillo que me dejó amplió mi frente, lo cual daba más personalidad a mi cara. De tener ganas de coger unas tijeras y clavárselas pasé de pronto a tener ganas de abrazarlo. Ya no tenía resquicio alguno de mi melena, y el pelo más largo sobre mi cabeza apenas medía un centímetro, pero contrariamente a lo que me imaginaba, me ví guapa.

Pagué y me fui a casa, y antes de que me vieran mis padres me metí en el cuarto de baño a maquillarme un poco. Cuando entré en el salón, a mi padre a poco le da algo, pero mi madre se levantó emoconada y me dió un gran beso en la mejilla. Estás preciosa! – me dijo-. Desde ese momento, cada mes acudí puntual a mi cita con el peluquero, que se jubiló poco tiempo después. No me costó mucho tiempo encontrar otra peluquería de caballeros de parecidas características….

Esclava de su amor

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A Sam y a Elena les encantaba juguetear a ser esclavo uno del otro. En uno de esos juegos Elena perdió, habían apostado quién llegaría antes a su casa en el fin de semana, el viernes después de trabajar, y cuando, a toda prisa llegó a casa sobre las 3 del trabajo, abrió la puerta y descubrió que Sam ya había llegado. Asombrada sabía que lo peor iba a llegar, desde que terminaran el almuerzo y hasta las 12 de la noche sería la esclava de su novio, eso les encantaba pero últimamente se habían puesto duros castigos uno al otro y temió que iba a ser una dura tarde. De hecho el viernes anterior había ganado ella y le impuso el castigo de ir a cenar a un restaurante con la familia de ella pero quitándole antes de la cartera la tarjeta de crédito por lo que había hecho un ridículo espantoso.

Tras almorzar sin decirse nada sobre el tema Elena ya no aguantó más y le dijo, bueno Sam has elegido ya que debo hacer supongo. Dímelo.

Sam le contestó. – Pues mira, no. Como en los últimos días esto se ha ido un poco de madre prefiero pensarlo tranquilo y el viernes que viene lo hacemos. ¿Te parece?

Ella respondió con un rotundo sí y se sintió muy aliviada.

Pero el viernes siguiente llegó, y ella le llamó por teléfono desde su trabajo el viernes por la mañana impaciente y preguntándole qué debía hacer. Sam le dijo que estaba acabando de pensarlo y que ese día el iría a buscarla a las 7 a casa de los padres. Iré a buscarte y tomamos algo y nos vamos de marcha, ponte algo sexy cielo por si vamos de bares o disco vale???

Aunque extrañada por ese cambio, no verse ya desde el viernes a mediodía, en el fondo le encantó ya que serían menos horas a merced de su novio. Aceptó y a las 7 estaba puntualmente arreglada, no fuese que un retraso le hiciese perder ese mínimo castigo que iba a recibir suponía Elena.

A las siete la recogió y salieron paseando por el barrio. Tras un ratito andando Sam le dijo:

He decidido tu castigo.

- ¿Cuál?. Respondió impaciente ella.

Me voy a cortar el pelo pero no me lo vas a hacer tú como siempre sino que vamos paseando y cuando veamos una barbería o peluquería entramos.

Aunque la hirió oír aquello, ya que le encantaba pelarle, lo mismo que cuando él se lo hacía a ella aceptó ya que era un castigo, que por lo menos, no era malo para ella físicamente hablando, sólo mentalmente.

Nada más girar la esquina siguiente había una vieja barbería de hombres, no medía mas de 4 metros por 3. Con un viejo sillón en el centro y espejo que cogía gran parte de la pared del fondo y una fila de 5 sillas incómodas en un lado para esperar.

Sam se paró y le dijo, aquí.

Entraron, un chico de unos 12 años se estaba sentando en el sillón y otro de unos 4 ó 5 esperaba sólo. Saludaron con un hola al barbero y se sentaron. Ella con reparo, ya que notó que el viejo barbero de unos 60 años la miró de arriba abajo, su top y su minifalda negra y sus botas hasta la rodilla eran demasiado sugerentes para un “viejo verde” pensó.

El barbero les dijo: – bien quedan estos dos chicos pero es poco tiempo. Vas detrás.

Sam asintió bajando la cabeza y los dos miraron impertérritos como el barbero capeaba al primer chico y con una maquinilla manual le pelaba en pocos minutos al 1. Le repaso patillas y cuello y afeitó ambos lugares y en poco más de 5 minutos estaba listo.

Tocó el turno del más pequeño, sacó un viejo silloncito para cortar a niños y lo puso tras el que estaba fijo en el suelo. Le puso la capa, agarró su cabeza por arriba y sin soltársela le rapó al 1 por completo entre lágrimas del niño que decía ¡¡¡no, no!!! Repetidas veces.

El mayor le pagó y los dos chicos se marcharon.

El barbero los despidió y le dijo a Sam, – bueno, son casi las 8 hora a la que cierro, esperad un momento y se puso a poner unos postigos de madera en las puertas y a cerrar, dando la vuelta a un pequeño cartel de abierto y cerrado. Cuando se terminó el cierre se volvió y dijo bueno siéntate. Pero mirando a Elena.

Ella se extrañó, los dos estaban sentado en sillas contiguas pero lo había dicho mirándola a ella, no tenía duda. Sam se acercó a su oído y le dijo –obedece no hagamos esperar al verdugo.

Se sentó en la silla que le resultó helada en sus piernas al aire. Miraba al espejo, al barbero y a Sam con velocidad, la respiración aumentaba de velocidad. El barbero se acercó por detrás y dijo, – bueno, ¿cómo lo quieres?

Elena no había empezado a responder cuando Sam dijo, pues cortito, cortito me venía diciendo por la calle, pero estoy indeciso, además quiere que lo elija yo. Y estoy mirando las fotos de la pared y no se cuál elegir.

El barbero fue a una esquina, cogió un poco de papel que ajustó al cuello de Elena y una capa larga azul, Sam le dijo, no no, mejor aquella celeste más cortita, esa es muy larga. El barbero dijo, – mira, mientras decides voy un momento a la panadería que tengo que comprar pan para la cena. Vuelvo en dos minutos.

Nada más salir Elena empezó a inferir improperios a Sam, te vas a enterar, ¿Por qué?, No me hagas esto.

Alguna lágrima empezó a salir de sus ojos. Sam le dijo: shhh calla guapa va a ser impresionante, ya estoy a 100 y aún no ha empezado. Lo vamos a pasar bien ya verás. Cogió varios útiles de la repisa de la barbería y a ponérselos delante de Elena diciendo: mira estas tijeras te van a rebajar el pelo, luego esta maquinilla manual te va a rapar o a lo mejor esta navaja te afeitará, no se que decidiré ahora. Estoy excitado y quiero un buen corte en tu melena negra y rizada. Ciertamente era larga, sentada en el sillón llegaba muy por detrás del sillón y por delante algunos mechones llegaban al codo.

El barbero regresó y dijo: -y bien, ¿qué hacemos?

Sam dijo me gusta ese pero es muy corto, no se mire y si le hacemos uno como al de los chicos que han salido, el de Paco y Juan, ¿verdad?

genial dijo el barbero.

San le dijo, mire me ha dicho que está muy nerviosa y si le da un bocado habría que afeitar supongo mejor póngale estas correas sujetando las muñecas al sillón y evitamos problemas.

El barbero ajustó cada muñeca a un brazo del sillón y las sujetó con las correas que sobresalían de la corta capa que le había colocado.

Elena alucinaba, mientras el barbero con un cepillo la repeinaba, no sin darle pocos tirones, su melena rizada se estaba poniendo más lisa entre tanto tirón de cepillo. Estuvo más de 5 minutos cepillándola y se fue a la repisa frente a ella de donde cogió un peine fino y una maquinilla manual.

No había solución, se puso detrás de ella y con la mano izquierda sobre la parte alta se la bajó bruscamente poniéndole la barbilla en el pecho, él se colocó de lado, posiblemente para ver las bonitas piernas de Elena mientras le cortaba. Incómoda por la postura empezó a ver como caían algunas lágrimas de sus ojos sobre la capa y la minifalda negra que llevaba.

El clic clic de la máquina comenzó por el cuello y no paraba hasta llegar a la frente, eran movimientos rápidos y sus mechones asomaban por los hombros cayendo en sus piernas que en pocos segundos dejaron de verse para ser una gigante mata de pelo.

Sin dejarla subir la mirada fue repasando toda la parte trasera hasta la coronilla y por arriba casi hasta la frente.

Cuando le levantó la cabeza para ladeársela vió como una gran carretera clara separaba dos montes de rizos de sus laterales. La agarró de nuevo con fuerza y empezó a rapar un lateral y luego dando la vuelta y mirándola de frente fue al otro lado donde repitió.

Cuando la dejó para ir a dejar la máquina a la repisa su cabeza estaba al 1, se la veía entera y la mata de pelo pasaba por encima del ombligo. Regresó con las tijeras y le recortó el cuello, las mínimas patillas que tenía y los pelillos de las cejas y la nariz.

Miró a Sam que tenía una sonrisa de oreja a oreja y con cara de odio le hizo un gesto que podía perfectamente hacerle saber lo que pensaba de lo que le estaban haciendo, encima callada por ser el pago de una apuesta.

El barbero regreso con un cuenco y con una brocha extendió espuma por el cuello hasta muy muy abajo y las patillas casi hasta la barbilla. Mas bien parecía que le iba a hacer un afeitado chino.

Terminó y se marcharon pero notó que Sam no pagó al barbero. Eso le hizo sospechar, camino del bar para tomar algo Sam le aclaró que todo estaba ya pagado, incluso los chicos que se habían pelado antes. Esto aún la enfureció más, y pronto tuvo la oportunidad de vengarse. Pero eso será en la próxima historia.

Vuelta de la movida (Tomás S.)

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Sam y Elena regresaban de una noche de marcha. Habían estado en varios bares donde habían consumido unas copas y además jugado al billar americano. Raramente habían regresado más temprano de lo normal, eran las dos 2 am cuando siempre solían regresar sobre las 4 o las 5.

A Sam le encantaba lo que venía, llegaban a casa de ella, aparcaban el coche sobre la acera en la puerta y se enrollaban, era la despedida de todos los sábados cuando no se iban a un descampado cercano a dar rienda suelta a su amor. No había sexo total pero sí llegaban a veces al sexo oral casi desnudos.

Estando ya aparcados, quitó la llave del contacto y ella dijo: “Mis padres no están, entra y tomamos algo”. De un salto Sam ya estaba en la puerta de la casa. Subieron el largo pasillo que iba al salón, se sentó en el sofá pero le extrañó que Elena no pasase a su habitación a ponerse algo sexy y quitarse su minifalda negra, sus zapatos de tacón alto y su blusa de botones.

Le puso una copa, colocó la tele y se sentó junto a él. Había una película, se pusieron a verla aunque a Sam lo que le apetecía era hacer otra cosa, la habitación estaba cerca, o ¿por qué no? En el sofá.

De repente, pensó, “hay que acabar con la tele”. En ese momento dijo: “Elena, ¿por qué no jugamos a algo? La tele está muy aburrida”, “Venga” Respondió él.

Mira, cogemos las cartas y jugamos a algo, no se el cinquillo, la brisca, el tute, escribimos varios papeles cada uno con algo que le gustaría que el otro hiciese si pierde. El que pierda coge un papel y lo hace. Si se niega tendrá que sufrir un buen castigo.

“Vale”. Dijo Elena.

Jugaron un rato y ganó él. En su papel ponía salir a la calle en bragas y andar por ella durante dos minutos. Elena se negó a hacerlo, vivía allí desde hacía muchos años y era una calle de pocos vecinos, todos se conocían, si hacía eso por la mañana sus padres sabían lo que había pasado.

“No, por favor eso no”.

Entonces Sam dijo, “ah pues convénceme de que te lo perdone”, mientras él esperaba algo del estilo, hagamos el amor en mi habitación o hazme el amor por detrás, cosa que él ya le había propuesto alguna vez y a lo que Elena se había negado ella dijo: “mira, cojo otro papel y hago algo más de lo que diga, por ejemplo tómate un chupo de un sorbo, me tomo dos, así compenso no hacer esto”. Sam aceptó y la dejó coger otro papel que, afortunadamente para él no ponía nada así. Los ojos de Elena se abrieron mucho nada más desdoblar el papel.

Él le dijo: – “venga lee lo que dice”. Ella tragó saliva y entre el cierto mareo de las copas que había bebido por los bares y la lectura del papel que se hacía complicada con todas las letras moviéndose dijo. “corde de pelos”. “No, no espera, pone cordiel de qelos”. Sam cogió el papel y dijo: “noooo, cielo pone, corte de pelo”.

Se vió perdida, no sabía qué querría hacerle pero si le proponía el corte que fuese ahora iba a ser mucho más corto para compensar no haber salido a la calle casi desnuda. Por otro lado Elena sabía que a él le había gustado mucho cuando le cortó su melena morena y rizada. De la cintura se la había dejado por los hombros. Ya le había crecido y la tenía casi por media espalda.

“¿Y qué quieres hacerme? Me gustaría un corte de puntas como un dedo y hacerme un flequillo por la línea de las cejas. Bueno no me desagrada, házmelo”. El respondió: “cielo, vale haremos eso pero recuerda que viene la propina por no cumplir lo puesto en el primer papel. Debo cortar algo mas ¿no crees?”. Ella le dijo: “a ver, Sam me lo cambias por cortarme el pelo con un bob larguito, no se en vez de cortarme las puntas me cortas una cuarta y me haces ese que me gusta”. A él se le iluminaron los ojos. Pero era su oportunidad de hacerle un BUEN CORTE. Ese buen corte era dejarlo mucho más corto que un bob. Sin embargo fingió aceptar con una pequeña sonrisa ciertamente malvada en sus labios.

“Venga, prepáralo todo. Mientras voy a ponerme cómoda”. “No quédate así, ya te pongo una capita para que no te manches la ropa”. Dijo Elena. Sam pensó qué corte le haría, le encantaba la idea de raparle la cabeza pero sabía que para eso ella debería tener algunas copas más encima por lo que pensó en poner una página de Internet de cortes cortos y que ella eligiese. La idea del bob parecía poco arriesgada. Entró en una página en la que se mostraban miles de cortes puestos por categorías. Llamó a Elena que se había ido un momento a la cocina.

“No, no, has perdido con la ropa que traías ahora deberás quedarte con ella. Bueno puedes quitarte una pero no cambiarla por ninguna otra.”

“Por lo menos, me quitaré la blusa, se va a poner perdida y no quiero tener que lavarla mañana”. Se quedó en sujetador, minifalda y zapatos.

Sam le dijo: “Mira estoy de buenas, siéntate y elige un corte”. Tras tenerlo todo listo en el salón fue a la habitación del ordenador y le preguntó cual le gustaba. Él mientras se fue. “Te doy dos minutos, creo que podemos hacer algo mejor que el bob, mira a ver qué te parece”. Elena aún estaba indecisa, ya entendía que un bob no iba a ser lo que su novio le hiciese y no sabía qué elegir “más largo no me va a dejar ahora que le diga y más corto me va a dejar como una bombilla”. Sam regresó y ella no había elegido. “Vale cielo eso te costará más caro aún”, cogió una silla de estudio con ruedas que tenía su chica en casa y le dijo siéntate aquí, vamos a elegir rápido”. Mientras ella miraba unas fotos atentamente él cogio una de sus manos y se la llevó para atrás, al momento cogió la otra y la llevó también mientras ella se giraba para ver lo que hacía. Con unos movimientos rápidos se las amarró con unas esposas suaves con las que jugaban a veces a juegos eróticos. No había solución, era prisionera de su novio-peluquero, la cosa iba a ser dura, luego se agachó y le sujetó ambas piernas a la altura de los tobillos a la silla. Elena dijo: “¿qué haces?”, “es que no quiero que te muevas, va a ser un corte algo cortito y si te mueves te puedo hacer un bocadito y tener que cortar más, simple precaución cari”.

Sam se impacientaba por lo que dijo, -¡vale, espera. Mira para ese lado, ahora dime un número del 1 al 100!.

Ella, se sobresaltó, había visto en esa página bobs, pixies, cortes a los garcon, rapados e incluso afeitados y ahora debía elegir uno. Por si recordaba donde estaba la foto de alguno él mientras cambió las fotos de orden y pasó varias páginas para que ella no supiese donde estaban las fotos y no las recordara.

Sam dijo “bien dime ya o elijo yo y mejor que yo no lo haga o…” ella le cortó diciendo el 49. En cada línea había 7 fotos, Sam fue bajando hasta que llegó a la séptima línea, la última era una pasada… no dejó a Elena verlo, aunque ella insistía, el le dijo –“No, has elegido, me gusta para ti, solo te digo que no te voy a rapar ni a afeitar”. “Quédate tranquila”.

Ante la indecisión de ella le dijo: “Ven y siéntate”. Había cogido una silla con respaldo, dejó la tele puesta para que ella se entretuviera.

Sam le enseñó dos capas y le dijo “¿cuál te pongo?” una era muy cortita, llegaba por encima del pecho y la otra corta también y le llegaba la cintura. De todas formas las piernas de Elena quedarían al aire. Sam colocó un poco de papel higiénico sobre el cuello a modo de alzacuello, cogido con la capa más pequeña y cerró el belcro. A Sam le gustaba más así que con la capa que tenía larga, que la cubría entera. Delante de ella había colocado, sobre la mesa todos los útiles, tijeras, maquina manual, maquina eléctrica, peine con cuchillas,…

Llega el momento de ir atrás, le bajó la cabeza hasta casi llevarle la barbilla al pecho y fue cortando mechones y dejándolos caer por delante de los ojos de Elena, no se los tocaba con las manos, con el peine los levantaba y cortaba a tijeras. Luego los lados con la misma forma y por arriba. Le había rebajado el pelo hasta casi la mitad de como lo tenía.

Llegaba el momento de dar forma. Cogió la maquina manual y empezando por detrás fue cortando hasta la altura de las orejas.

“¿me vas a dejar algo?” dijo ella. “SHHHHHHHHHHHHHhh calla, me está encantando”, mientras iba viendo aparecer como por arte de magia, la claridad de la piel de Elena por debajo de la máquina, era un contraste perfecto entre su pelo moreno y su piel clara. Ya verás que bien te queda. Empezó a peinar su pelo y con el peine de corte se lo fue igualando por delante a la altura del cuello y por detrás a la mitad de la oreja.

La intención de Elena fue tocarse con la mano, pero se dio cuenta de que no podía elevarla por la espalda, estaba sujeta con las esposas de latex de sus juegos sexuales.

Fue a la mesa y cogió el bote de espuma y la navaja. Miró a Elena y su cara era una mezcla entre miedo, asombro, incredulidad y placer. No sabía si la iba a afeitar entera, solo un poco, mientras el sacaba la espuma agitando al bote miró al suelo y vio que su pelo estaba todo sobre él. Había mechones muy largos, otros más cortos, pero había mucho pelo. Pensó que estaba casi rapada y ahora le tocaba quedarse sin nada. “Debi salir en bragas a la calle”, pensó. Pero ya era tarde.

Sam se acercó y por el cuello le fue extendiendo la espuma, se tranquilizó pero se sobresaltó de nuevo al ver que le iba untando bastante más arriba del cuello. No podía precisarlo pero casi hasta la altura de las orejas, también le untó por encima de la oreja, los dos laterales. Sam era un experto con la navaja, en pocos movimientos afeitó todo lo que había de espuma.

“Preciosa, cielo. Ve y mírate”. Sin ni siquiera quitarse ni la capa ni las esposas fue a verse. Dios era un corte brutal, un bob por encima de las orejas. Pero quedaba bonito
El resto afeitado. “Bueno es el pago por no ir desnuda a la calle” pensó y lo dio por bueno.

Elena regresó sonriente y le dijo me ha gustado mucho, pero… “quítame las esposas”.

“No, cielo” siéntate. El sillón de peluquero que tenía fue reclinado por Sam y ella quedó en posición casi horizontal, con la navaja cortó sus braguitas y se acercó de nuevo a la mesa. Se encaminó con la espuma y la navaja y se paró justo delante. “No no, cielo está muy largo, espera” cogió la maquinilla manual y le hizo un buen repaso. Ella se sentía completamente mojada. Sam aprovechaba y mientras iba separando sus labios para apurar más con la máquina iba tocando con sus dedos. Terminada la sesión de rapado ella estaba completamente húmeda. Sus manos sujetas a su espalda, tirada en el sillón de bárbero, sus piernas abiertas, su novio tocándola y ahora venía la fría espuma y el acero de la navaja. Definitivamente se corrió mientras la afeitaba. Terminaron, Sam la desató y pasó lo normal…

Elena no se lo pensó y se fue cogida de la mano con él a su cama… le pagó dándole una buena propina. Hicieron el amor como nunca y le afeitó la ingle a Sam en una larga sesión que duró hasta por la mañana donde se mezcló el sexo oral con el anal.

Por amor al arte (Mario L.)

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Estudio el último año de la carrera de arte dramático, en mí grupo somos 10 mujeres y 8 hombres. Somos más mujeres en este grupo, pero no suele ser así. Para este ciclo decidieron dividirnos en la puesta final y montar una obra con los hombres y otra con las mujeres. Para nosotras el profesor llevó un texto que a todas nos encantó, es una obra de la época Victoriana que tiene como tema principal la liberación de la mujer. Nuestro director le estaba dando un enfoque que la hacía mucho más emocionante e interesante, el texto era dicho por feministas contemporáneas, urbanas, lo que provocaba una intensa reflexión sobre el destino de los valores que dieron origen a tan importante movimiento. En fin, el vestuario era muy sencillo, un payasito de licra con tirantes delgados y unos pantalones deportivos de algodón muy ajustados, todo en color negro, básicamente ropa de entrenamiento. Es una puesta muy minimalista por lo que el director desde el comienzo nos dijo que teníamos que encontrar un modo eficaz de denotar nuestro feminismo agresivo. Empezamos por proponer maquillaje negro muy exagerado, con peinados esponjados que daban un aspecto punk. Nunca terminó de gustarle la idea, y no lo culpo, parecíamos fugadas de los 80´s. Así que un día, algo desesperado nos retó mientras se quejaba de nuestra falta de imaginación: ¡Cambien! ¡Varíen! ¡Demuestren que tienen imaginación! ¡Que tienen materia de trabajo! Píntense todas, tatúense, córtense el pelo… Evidentemente estaba lanzando palabras al viento, pero se detuvo en lo del pelo: ¿Por que no se hacen un corte que las defina? ¿Temen dejar de ser bonitas? Todas nos vimos con indiferencia como diciendo no nos importa. ¿Por que pregunto si las veo peinándose todo el tiempo por los pasillos de la escuela? Se quieren mucho. Sin
darle mayor importancia dejó el regaño y cambió de tema. Ese día acabó con análisis de texto, como todos los días. Varios ensayos pasaron y el tema no salió a relucir nuevamente. Hasta que un día, estábamos haciendo nuestros calentamientos de rutina en el foro, estiramientos y flexiones. Por todo el espacio trabajábamos en parejas. Es un gran foro pintado todo de negro, paredes, techo e incluso el piso de madera, por lo que es muy oscuro y solo se ve lo que la luz de la tramoya alcanza a dibujar. Llegó Gilberto, el director, y tomó una silla de aluminio plateado que colocó al centro del espacio y se sentó en ella. Todas nos sentamo en el suelo a unos metros, frente a él, atentas a lo que tuviera que decir. Algunas continuaban ejercitándose una a otra en el suelo, arqueándose la espalda o estirándose los brazos. El maestro comenzó a hablar y por su tono severo era claro que algo pasaba. En pocas palabras dejó salir lo que reservaba, mientras sellaba nuestro destino: ¡Como ustedes no proponen yo
sí propongo! Propongo que se corten el cabello y lo complementen con un maquillaje violento. Córtenselo… Eso ya no parecía propuesta, lo tenía decidido y mientras lo decía se fueron congelando una a una. ¡Yo les di la oportunidad de que fuera un concepto que saliera de ustedes, pero son flojas y no les gusta pensar! El look está decidido y a la que no le guste, puede salir de aquí y graduarse con la puesta del siguiente año. Todas nos miramos paralizadas. Ví a una chica tocar su cola de caballo muy lentamente, casi de modo inconsciente. La verdad ya me estaba preocupando mucho la idea, pero me decía: ¿Que es un corte de pelo? Nada, nada. En eso se escuchó que alguien entró al foro. El lugar es tan grande y está tan oscuro que es difícil ver quien cruza la puerta. Camina lentamente hacia nosotras. Gilberto se levanta en cuanto lo escucha y le grita. ¡Pásele! Por el tiempo que le tomaba andar era obvio que se trataba de alguien entrado en años. Por fin se logra distinguir la silueta de un hombre maduro, no era tan anciano como suponía, unos 60 años, peinado con raya a un costado. Traía gafas gruesas de color plateado y un bigote delgado que le coronaba una sonrisa que mantenía mientras andaba. Cargaba una maleta con su mano derecha. Al llegar hasta nosotras nos saludó amablemente mientras Gilberto lo presentaba. Les presento a Don Aurelio, él es peluquero y les va a cortar el pelo ahora. Al mismo tiempo que dijo, Ahora… se escuchó una fuerte exhalación de una de mis compañeras. Sus palabras le habían robado el aliento. ¿Quien va a ser la primera? Nadie dijo nada, en medio del silencio la voz de Erica, la mas asustada, se dejo escuchar quedamente: Yo no me voy a cortar el cabello… no, no… Se escuchaba a punto del llanto, de pronto parecía una niña pequeña. Don Aurelio caminó hacia un cubo de madera que había por ahí y dejó su maleta, la abrió y lentamente sacó una bata de peluquero color blanca, se la colocó con pequeños movimientos. En realidad todas sabíamos quien era Don Aurelio, su peluquería es famosa, está en la calle principal del centro de la ciudad y es uno de esos lugares con mucha historia, a cualquier niño lo llevaron ahí a que le dieran el corte que le pedían sus papas ó en sus escuelas. A mí hermano lo mandaron ahí muchas veces y siempre regresaba con el corte de casquete bien corto que le demandaba mí mama, corto de arriba, apenas se podía peinar, y bien rebajado a maquina de los lados y de atrás, con piel expuesta y esvanecido a cero en la nuca. El recuerdo de aquellos días me llegaba punzante. También cortaban el pelo a mujeres, Bob hecho de un tijeretazo o un corte redondo como cazuela. Hasta preguntaban: ¿Redondo ó cuadrado? Yo lo experimenté de muy niña en uno de los viajes de mí hermano, opté por el redondo. Recuerdo la cara de todos los niños recibiendo tristes un castigo del que no tenían escapatoria. Pues ahora era nuestro turno y parecía que tampoco había escapatoria. No sabía que corte nos iban a hacer pero yo ya me sentía muy nerviosa. Don Aurelio estaba tendiendo una extensión eléctrica hacia la silla cuando Gilberto pregunto con voz severa:
¿Entonces, quién empieza? Erica se levantó con los ojos llenos de lágrimas y gritando le dijo: ¡Pues a mí no me va a cortar el cabello y no me puede obligar! ¡Y hágale como quiera! Dio media vuelta y se marchó descompuesta. Tranquilamente el maestro dijo: Son más de las que necesito para la obra. ¿Alguien más se quiere salir? ¡Evítenme escenas y sálganse ya! Todas permanecimos en silencio, el terror era evidente en nuestros rostros, estoy segura que yo no era la excepción. El
barbero ya había colocado otra silla y sobre ella acomodaba tijeras, peine, maquina de rasurar y todas las peinetas con suma atención. El maestro definió que debido a nuestra falta de voluntad íbamos a empezar en orden, de izquierda a derecha según su posición. Yo era la tercera, la primera era Juliana, le seguía Mayra y en seguida yo. Gilberto señaló a Juliana diciendo: Empiezas tú, siéntate… Temerosa, nos lanzó una mirada y se dirigió lentamente hacia la silla. Juliana es una mujer guapa, tiene el cabello a media espalda, castaño oscuro, algo ondulado. Aunque es algo descuidada, su rostro es llamativo y siempre se ve muy bien, tiene nariz recta, ceja poblada, ojos cafés, rostro alargado y mandíbula cuadrada. Sí se lo cortan muy corto tal vez pueda parecer un chico, pero pensé que no iba a tener problema y lo iba a llevar muy bien. Tiene un cuerpo sexy
hasta para mí que soy mujer.
En cuanto se sentó en la silla de aluminio Aurelio puso ambas manos sobre
sus hombros con delicadeza y cierta sonrisa perversa. Al menos así me pareció al
momento y pensé que este seguro iba a disfrutarlo mucho. Continuó la preparación
y sacó una navaja de afeitar y la puso junto al resto de las cosas. Navaja, maquina!
No me podía engañar más, iba a ser bien corto, no redondo, no cuadrado. Iba a ser
bien corto. El misterio estaba por resolverse, Gilberto se acerca a la silla y tomando
la cabeza de Juliana le habla al barbero con voz fuerte y clara, con el obvio objetivo
de ponernos al tanto de lo que nos iban a hacer. Hágales corte reglamentario, del
servicio militar, a todas por igual. Aurelio asentía una y otra vez con la cabeza sin
quitar la vista de Juliana. ¿De acuerdo? Adelante entonces, recalcó el maestro. El
hombre sin dejar de asentir tomó un frasco y con timidez manifestó que necesitaba
ir por agua, que no tardaba nada, lo que procedió a hacer con el consentimiento del
maestro. Juliana permanecía inmóvil, con su mirada aterrada nos veía una a una,
encontró que el miedo en nuestros rostros era el suyo. Era Juliana la que estaba en
la silla, pero los nervios se apoderaban de mí y recuerdo que incluso comencé a
sentir un dolor agudo en el estómago. ¡No les des el gusto! ¡Es solo pelo! Me decía a
mí misma. Estos siempre quieren averiguar cuanto puedes sacrificar por el teatro,
por el gran teatro. Por el que hay que dar la vida, también el pelo. Lo tengo que
afrontar estoicamente, con entereza.
Don Aurelio regresó apresurado agitando el frasco continuamente. Supuse
que era jabón para rasurarnos. Sin trámite de por medio, conectó su máquina a la
extensión eléctrica, tomó la peineta número dos y la colocó decidido. Llegó por
detrás de Juliana y tomó su pelo con ambas manos, sujetándolo de los extremos se
lo acomodó hasta tener toda la cabellera en una sola mano. Recuerdo con detalle el
rostro de Juliana al momento de sentir la manos del barbero tomar su cabello, su
expresión se congeló y su rostro se tornó gris, su torso se puso rígido, su espalda
recta se despegó del respaldo, pero sin siquiera voltear a verlo se dispuso a aceptar
la ocurrencia del maestro. Quien para ese momento había tomado otra silla y se
había puesto a leer un libro, indiferente ante lo que vivíamos. Con la misma mano
que sujetaba la cabellera empujó hacia adelante la cabeza de Juliana y levantó el
cabello por encima de la coronilla, encendió la máquina y comenzó a rasurar su
nuca. La mirada de Juliana se extravió en el piso. Recuerdo que el hecho de que no
usara capa alguna hacía parecer más cruel todo, no se porque lo sentí así. Repasaba
su nuca una y otra vez, debido a la posición que tenía no podía ver muy bien que
tanto cortaba pero parecía que subía hasta la mitad de las orejas, pasó a los lados y
ahí subió a la altura de las sienes, la piel blanca de Juliana quedaba expuesta.
Después de terminar ambos lados soltó la cabellera y todo el cabello que había
cortado cayó de un solo golpe al piso, Juliana lo veía sin dar crédito, el resto de su
pelo caía sobre su cara, dando la impresión por momentos de que ningún cabello
había sido cortado. Aurelio tomó un peine y lo pasó por el cabello que le caía de la
coronilla. Quitó la peineta y comenzó a cortar directamente contra el peine,
primero fue trabajando los costados y atrás. El pelo de hombre iba cobrando
forma, la quijada de Juliana se iba volviendo más grande pero como lo pensé, no le
quedaba nada mal, nada mal, se veía guapa. Yo no esperaba ser tan afortunada. No
soy fea pero ella es más chula. La línea de pelo se desvaneció a los lados y atrás, y
arriba le fue dando forma a un Flat Top, incluso le dejó más largo adelante, para
que no se viera tan mal, pensé. No era reglamentario como se lo habían pedido,
supongo que así estaba mejor. El hombre sabía hacer su trabajo y lo hizo
relativamente rápido. Dejó el peine y colocó la peineta uno. Volvió a repasar la
nuca con pequeños movimientos, así como los laterales. Por donde la pasaba se
dejaba ver aún más piel de Juliana. Dejó la máquina, tomó el frasco y con la punta
aplicó jabón sobre todo el contorno de su pelo. Con la navaja le hizo la patilla corta
y en pico. Pasó su escoba por los hombros y la dejó ir. Parecía aliviada. Cuando se
sentó pude ver su nuca desvanecida, el cuello se veía más largo, su espalda bella.
Rasuró la nuca delgada y cuadrada. Me gustaba.
He de confesar ahora que desde pequeña había tenido cierto fetiche con el
pelo, con los cortes muy dramáticos. Simplemente me excitaban, pero nunca lo
había llevado tan corto, lo más había sido un Bob con nuca expuesta, ahora mí
cabello castaño ondulado llegaba hasta abajo de los hombros y me iba a doler
perderlo. Había fantaseado con experiencias similares muchas veces, pero hoy eso
no pasaba por mí cabeza, solo la angustia permanecía.
Era el turno de Mayra. Al ver que el corte de Juliana estaba terminado, el
maestro le indicó que pasara. Quien lo hizo resignada. Mayra es morena, bajita,
delgada pero de caderas anchas. Lleva un Bob abajo de la quijada que peina
siempre con partido en medio. Siempre he pensado que el rostro de Mayra es
especial, sus rasgos son totalmente indígenas, sus ojos completamente rasgados,
pero hermosos, nariz muy pequeña, afilada, y labios gruesos. Era bella en verdad.
Para cuando llegó a la silla el peluquero ya tenía lista la máquina. Le inclinó la
cabeza, con el peine le levantó el cabello y empezó a rasurar su nuca. Igual que
Juliana, Mayra no oponía resistencia, ya estaba hecha a la idea. ¿Que más se podía
hacer? Rápidamente rasuró a la misma altura, retocó con el uno. Con ella me
pareció que esta dejando más piel desnuda, pero también le estaba sentando muy
bien.
Mí corazón latía con la fuerza de un tambor, pues yo era la siguiente, no era
una simple angustia, sabía que una parte de mí había deseado esto siempre y todo
era perfecto, pues tenía el pretexto de que lo hacía por el Teatro, además de que no
lo hacía sola, tenía nueve mujeres que iban a soportar la carga conmigo. Igual me
sentía temerosa.
En la coronilla se lo estaba dejando a Mayra bien corto, se lo peinó hacia
adelante y lo terminó con un pequeño copete levantado un poco mas largo. Parece
que el barbero venía creativo y nos lo iba a hacer un poco diferente a cada una.
Después de terminar arriba, su dispuso a depurar el desvanecido con la máquina a
mano libre, iba y venía. En eso se escuchó que alguien entró al foro, era una señora
de edad similar a la de Don Aurelio, regordeta y llevaba unas gafas pequeñas, el
cabello rizado y corto. Llegó hasta nosotras y nos saludó con una amable sonrisa.
El maestro la vio y le dio la bienvenida, Aurelio le aclaró que es su colega y le viene
a ayudar. Enseguida Gilberto tomó su silla y la colocó cerca de Mayra. ¡Perfecto!
Así, vamos a acabar rápido, apuntó. La señora había clavado su mirada en mí y me
sonreía una y otra vez. Se colocó detrás de la silla recién dispuesta y sin que el
maestro le dijera nada me hizo una seña para que pasara. Le hice caso. Trajo otra
silla y sobre ella acomodó sus cosas como antes lo había hecho Don Aurelio. Me
entusiasmó la idea de que fuera mujer la que cortara mí pelo, pensé que podía ser
solidaria y hacerme algo que se viera decente. Don Aurelio le dio las indicaciones:
Va reglamentario Carmen, a lo que ella asintió en silencio. Con delicadeza comenzó
a cepillar mi cabello. Definitivamente ella era mejor.
Erica regresó al foro, parece que después de mucho llorar. Gilberto la vio con
algo de desprecio y le indico que era la siguiente. Ni siquiera llego a sentarse
porque en eso terminaron con Mayra. Me encantó la morena, también se veía muy
bien, regresó a su lugar y me dirigió una sonrisa, como diciendo todo va a estar
bien. Le devolví la sonrisa. Veía los mechones de Erica que comenzaban a caer,
cuando sentí que la peluquera me jalaba el pelo para hacerme una cola de caballo,
la hizo apretada a la cabeza para después volver a peinarla con el mismo tacto una
y otra vez, la aflojó un poco, tomó las tijeras y comenzó a cortar. La transformación
había comenzado, no había marcha atrás, creo que contuve el aliento hasta que
cortó el último pelo. El cabello que no estaba agarrado se vino hacia el frente de mí
cara. La coleta la puso sobre mis piernas como un regalo. Tome su pelo niña… Le
sonreí. Inclinó mi cabeza con decisión, mi barbilla casi tocaba mi cuello, escucho
que enciende la máquina y empieza a cortar, recuerdo muy bien la sensación del
peine deslizándose por mí nuca, fue placentero. Noté que mí lado fetichista estaba
regresando así que me dejé llevar. Pasaba una y otra vez lo que supuse era la
peineta número dos, la subía arriba del hueso donde termina la nuca. Sin soltar mí
cabeza comenzó a trabajar a un costado. Me dije nuevamente que la suerte estaba
de mí lado con ella como peluquera y cerré los ojos para entregarme rendida a esa
sensación que nunca había tenido la valentía de procurarme yo misma, pero que
tanto había deseado. Me perdí en el zumbido de la máquina, terminó el lado
derecho y continuó con el izquierdo. Nada me importaba. Terminó de rasurarme
hasta arriba de la oreja y dejó la maquina. Tomó sus tijeras y con los dedos
pegados a mí cráneo comenzó a cortar todo el cabello que aún estaba largo. Abrí
los ojos y vi que el capricho de Erica le había rendido frutos, se lo estaban dejando
bastante más largo que a sus predecesoras, sus lágrimas habían ablandado el
corazón del peluquero.
Mayra y Juliana salieron del foro y al pasar frente a mí me miraron
sonrientes, pensé que seguro me estaba viendo guapa y que a eso se debía el gesto.
Cerré los ojos y me volví a sumergir en el tacto de mí barbera, la que había llegado
para mí. Después de terminar con la tijera sobre toda mí cabeza tomó nuevamente
la máquina y volvió sobre mí nuca, cambió de peineta y podía darme cuenta que
había colocado la del uno, la sentía más cerca y la sensación me encantaba, tenía la
cabeza totalmente agachada y estaba disfrutando al máximo cada vez que volvía,
en especial a esa cavidad que tenemos al centro de la nuca. Era delicioso y ella no
escatimaba en pasarla repetidamente. Comencé a sentir calor entre mis piernas,
pensé que aquello ya debía estar húmedo y esperé que no fuera demasiado, al
grado de que se llegara a notar. Seguía Natalia y no quería pasar una verguenza.
Continuó cortando a los lados y mientras lo hacía inclinaba mí cabeza a un costado
y al otro. Retiró la peineta y comenzó a borrar la línea a mano libre, iba y venía con
bastante habilidad, en ocasiones se ayudaba cortando encima del peine. Fue y vino
tantas veces rozando apenas la punta de mis cabellos y la sensación era tan
relajante que llegué hasta el punto de sentir sueño. Para ese momento ya habían
terminado con Erica, quién había salido con las otras chicas. Don Aurelio ya estaba
trabajando en la cabellera de Gloria. La barbera comenzó a marcar el contorno en
mis patillas y nuca, llevaba tanto tiempo sin apagar la máquina que empecé a sentir
el acero algo caliente. Eso lo debí de haber entendido como una seña advirtiendo
que la relajación estaba a punto de ser severamente interrumpida.
Con una fuerza que no había usado antes inclinó mí cabeza hacia delante y
con la máquina en cero, comenzó a rasurar mí nuca con muy pequeños y muy
rápidos movimientos. Iba de un lado al otro de mí cuello, desvaneciéndolo. Podía
sentir el metal tocando mí piel directamente. La sensación me tomó por sorpresa,
todos mis músculos se tensaron en un suspiro, mis pies tocaron el suelo con las
puntas, mí corazón lo volví a sentir latiendo con tanta fuerza que se quería salir del
pecho. Todos mis sueños se volvían realidad, de repente mí nuca estaba quedando
como todas esas nucas que había observado durante tanto tiempo, pero yo no
estaba lista. Era demasiado. Con la máquina a cero volvió la angustia. ¡¿Pero sí ya
había marcado el contorno, que hace?! Me pregunté una y otra vez mientras ella
cortaba decidida. Temí quedar totalmente calva. La máquina de cortar se estaba
calentando demasiado y en verdad me empezaba a quemar, pero eso no tenía
importancia.
Mí barbera, antes tan delicada, ahora estaba cortando sin piedad. Yo no se en
que momento fue pero el nerviosismo empezó a ceder ante la excitación que se
acumulaba en mí interior. Además, creo que me sujetaba tan fuerte que ni
queriendo hubiera podido zafarme. Sentí la humedad fluyendo a través de mí
vagina con abundancia. Ella repasaba mí nuca con sus pequeños movimientos,
cada vez más arriba, con severidad. Y yo solo me decía: ¡No manches la silla! ¡Sigue
Natalia, se va a dar cuenta, tienes un río ahí abajo y se va a notar! La máquina se
calentaba a niveles insoportables cuando el zumbido cesó, dejó la máquina sobre la
silla y fue hacia su maleta.
Aurelio estaba terminando el corte de Gloria y parece que estaba recibiendo
la misma medicina que yo, tenía un ajustado corte militar. Gloria tiene el cabello
muy negro y la piel muy blanca por lo que su piel resaltaba aún más que en las
otras chicas, se notaba su piel trasparente hasta arriba de la oreja. Se veía hermosa,
en ese momento sentí ganas de levantarme y besar su cuello eterno con lujuria.
Aquí me estoy volviendo una lesbiana, pensé. Sin verlo venir el maestro se colocó
atrás de ella y comenzó a frotar con su mano su nuca. El barbero le dijo que estaba
lista y la despachó. Gloria pasó en frente de mí y en efecto, pude ver su nuca
desvanecida con el cero hasta un poco más arriba de donde comienzan las orejas.
Pensaba que a estas alturas eso es lo mejor que podía esperar para mí, cuando
sentí que me bajaban la cabeza nuevamente.
Estaba de regreso, encendió la máquina y la volvió a posar sobre mí nuca. ¡No
puede ser! ¡¿Más?! El metal se sentía frío. Me perdí en Gloria y me había olvidado
de la que me sometía, fue a cambiar de máquina y no me percaté. Que no me
quemara mejoraba las cosas. ¿Pero hasta donde quería llegar? Comenzó a trabajar
con los mismos movimientos rápidos sobre la cavidad en la nuca de la que les
hablé antes y la sensación fue mucho más excitante esta vez, al instante un leve
gemido brotó. Nadie lo pudo haber escuchado. Era fantástico. Subía cada vez más,
yo sentía que ya estaba rasurando sobre el fin de la nuca. Mí vulva empezó a
palpitar. ¡No! ¡Contrólate! Vi a mis compañeras y todas me veían impresionadas
por la pelada que me estaban dando, su rostro pasmado me alivió porque
significaba que no estaban al tanto de lo que yo estaba sintiendo. Juliana regresó al
foro para atestiguar como dejan a una diminuta niña de 1.50 mts. calva. En un
impulso voltee con la barbera y le pregunté temerosa: ¿Le falta mucho? A lo que
contestó: No, casi termino. En medio del susto la calentura progresaba entre mis
piernas. Natalia ya está con el peluquero y era Diana quien se iba sentar sobre mí
lubricación. Y la verdad, ya no me importaba. Diana es una mujer del tipo
machorro, lésbico evidente y seguro le iba a encantar su pelada a cero como a mí e
igual iba a dejar el aluminio de la silla húmedo y caliente por su cuenta. La mujer
me rasuró hasta donde acaba la nuca, hasta ese hueso protuberante, y pasó a los
costados. Al definir la patilla volteo la máquina y de un movimiento rasuró
bastante más arriba de donde comienza el cabello, para luego desvanecerlo hasta
desparecer cualquier línea. Repitió la operación del otro lado. Posteriormente
colocó el peine del uno nuevamente y subió más todo el corte. Para terminar, con
una brocha puso espuma por todo mí cuello y a los costados, rasuró con
movimientos largos, cada pasada era como un escalofrío. Apreté mis dientes y ojos
para mantener a mí cuerpo dentro correcto. ¡Lista, terminada! Dijo su anciana voz.
¡Lista! Pensé. Una soldadita… una soldadita muy rasurada y mojada. ¡Dios! Me
sacudo un poco y noto que mis pezones están erectos como nunca los había visto,
aún bajo la tela eran notorios. Como en un trance, me dispongo a salir del foro.
Juliana me espera en la puerta y me recibe sobándome la cabeza. Mayra y Natalia
estaban afuera y sonrientes le acariciaban la cabeza a Gloria.
Esa noche fuimos a beber a mí casa, Diana estuvo sobando mí nuca todo el
tiempo, obsesionada se podría decir. La verdad es que me encantaba con su pelo
casi totalmente rapado como el mío, parecía un niño, pero sus pequeños senos me
parecían más bellos que nunca. Me obligó a sentarme adelante de ella, pegó sus
senos contra mí espalda y con delicadeza rozaba mí nuca con sus dedos, una y otra
vez. En secreto me estaba convirtiendo en un volcán de excitación. Ahí quedó, en
mí secreto. Espero llevarla pronto a la peluquería por mí cuenta, para que nos
repitan el corte. Acostarla en mí cama y dejarnos ir sin freno en nosotras.
Cabe mencionar que después de un tiempo todas comentamos que nuestro
éxito con los chicos había aumentado considerablemente. ¿No será que todas y
todos tenemos un pequeño fetichista del cabello encerrado?

La bella y la bestia (Tomás S.)

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Llegó el momento, hacía meses que se conocían pero no habían podido quedar antes. Ella vivía en Mexico (Sony) y él en España. Lo habían intentado varias veces pero era complicado. A ella no le atraía él físicamente pero sí como persona. Le apetecía ir a España y tener contacto con alguien distinto, amable, agradable, sencillo, sensible, que la entendía. Apreciaba de él que no quisiese lo que otros si no que le diese comprensión y cariño en momentos complicados.

Ella estaba en un momento difícil 19 años y él tenía experiencia 40, lo que hacía que pudiesen mantener una buena amistad.

Llegó el día, ambos habían esperado desde hacía tiempo que ocurriese y estaban allí. Tim algo nervioso, se había hecho 100 kms en el coche (ford negro de 3 puertas) para esperarla y ella miles de kms en avión.

Llegó la hora, Sony veía desde la ventana del avión el aeropuerto, era pequeño desde tan alto. Aterrizó y se dirigió a la Terminal. Solo tenían una foto de cada uno, así que con la foto en la mano empezaron los dos a buscar al otro. Ella le vió, jeje, él estaba despistado mirando en todas direcciones pero no veía nada. Le tocó la espalda y le dijo hola Tim. El se giró, la vió, ummmm (que guapa) pensó. “Hola que tal Sony, vamos a por la maleta”. Se acercaron y esperaron sonriendo hasta que apareció. Se marcharon al coche de Tim que a ella le encantó y se subieron.

Tenían una hora de camino hasta casa de Tim, en el coche conversaban de mil cosas. El que por fin se conocían en persona, que estaban alegres, ella no paraba de preguntar que era esto y aquello, cogieron la autopista y se dirigieron a casa. Se hicieron un interrogatorio mutuo como si no se hubieran visto nunca y miran que habían echado horas juntos en el pc. Pero se trataba de ver en persona lo que se habían parecido antes.

Tim estaba encantado, volvía a tener una amiga de Mexico, de su anterior amiga, le encantaba su tono de voz y su dulzura y en Sony estaba encontrando lo mismo su dulzura, su tono cálido, tenía una voz bonita, además le hacía gracia que ella parecía asustada. Por eso le dijo: “tranquila no voy a ser diferente ahora de lo que ya conoces de mí, has conocido a alguien que te ha hecho venir a miles de kms porque sabes que te aprecia y no te voy a hacer daño”. Un beso en la mejilla selló este pacto que calmó a Sony que no sabía si había hecho bien en ir allí, lejos de su familia.

Llegaron a casa de Tim, una ciudad nueva para ella, con nuevos edificios, era bonita, vivía cerca de una gran avenida que estaba muy bonita. Dejaron el coche en el garage y subieron. Era una casa pequeña, pero coqueta, decorada por la exmujer de Tim y él mismo. Tenía buen gusto, pensó Sony. Dejaron la maleta y Tim le dejó un armario para que ella colocara su ropa. Pensaba quedarse unos días, 5 le dijo a Tim.

Vendrás destrozada, eran sobre las 12 am, por qué no nos sentamos un poco y charlamos. “Sony, he pensado, que hoy podemos quedarnos aquí en casa y descansas, comemos, duermes algo y por la tarde estamos aquí platicando o jugamos a algo, o damos un paseo por el barrio. Mañana te enseñaré la ciudad y por las tardes vamos a la playa, si quieres alguna noche salimos de marcha, hay buenos sitios para bailar por aki”.

A Sony le parecía encantador el plan. Le apetecía estar con él aunque le veía mayor para ella. No es que le viese como posible pareja pero había algo que le atraía y no sabía que era. Comieron y platicaron sobre sus familias y amigos. Terminaron y se dispusieron a recoger. Tim no la dejó: “no no cielo vienes muy cansada, acuéstate en mi cama yo me quedo en el sofá descansando. Pero dime, para la noche te preparo una cama de la habitación de invitados, tu decides si duermes en esa habitación o en la mía, cuando te levantes la tendrás lista”. Tras un beso en la mejilla Sony se fue a la habitación y cerró la puerta. Durmió varias horas, después de estar un rato sobre la cama en braguitas pensando en como veía a Tim. De momento todo le parecía un cuento de hadas, salir de Mexico, llegar allí, verle a él tan amable, y dormir en su cama jajajaja. Tim también estaba en una nube, había venido una chica dulce, sencilla, amable como a él le gustaban, le venía bien para recuperarse de su reciente divorcio, necesitaba cariño y ella se lo podía dar. Sabía que amor no, porque a ella no le gustaba él pero no le importaba, valoraba mucho la amistad y con ella tenía mucha amistad.

Sony se levantó, parecía algo recuperada, eran las 7, no le apetecía salir ni nada, así que dijo a Tim “amor y si nos quedamos aquí, mañana salimos, a dar una vuelta”. Vale dijo Tim pero tenía dos entradas para una disco de baile muy bonita. No pasa nada mañana vamos.

Sony no pudo resistirlo, “bailar” guau aunque sea un ratito tengo que ir. Bueno si quieres vamos un ratito pero no volvemos tarde “vale”. Se arreglaron y salieron, Tim llevaba un pantalón azul y un polo negro ajustado, marcaba algo sus músculos de cuando practicaba deporte, su cabeza rapada al 1 especial para cuando llegase ella y Sony sacó un top rosa y falda blanca una cuarta por encima de la rodilla y unos zapatos con mucho tacón. Salieron, llegaron a la disco y a Sony le encantó, era distinto a donde ella vivía. Las copas eran gratis ya que la entrada incluía beber lo que se quisiera, la entrada eran unos 30 $ que Tim ya había pagado. Bebieron una copa, Sony se fijaba en como eran las chicas de allí, ropa muy corta, mucha pintura en la cara, le entraban a los chicos para ligar, se contoneaban en la pista, y sobre todo tenían el pelo corto. Había muchas chicas con pelo corto, bob, asimétricos, escalados, cortos de chico, incluso dos chicas rapadas. De donde ella era todos lo tenían largo, era signo de ser mujer, una mujer con el pelo corto estaba mal visto.

Bailaron y bebieron unas copas, los dos se pusieron alegres, de momento la música cambió y pusieron música lenta, como los dos estaban contentos se agarraron y bailaron, surgió un beso en la boca, corto de pikito, sin muerdos ni tornilleo, un besito simple. Sony cerró los ojos y sintió como el 1.84 de Tim la llenaba. Siguieron bebiendo, se sentaron, salieron a conversar fuera, Tim le presentó a algunas amigas y amigos suyos y sobre las 3 se marcharon a casa. Ninguno de los dos se quería ir pero fue lo pactado, no volver tarde. Llegaron a casa y se despidieron, los dos querían que durmiesen juntos pero ninguno se atrevió a decir nada así que se fueron a dormir.

Al día siguiente se levantaron y Sony, aun con efectos del alcohol dijo a Tim damos un paseo, vale le dijo él. Ella se puso su blusa negra favorita y unos pantalones ajustados. De paseo, Tim le dijo, bueno ha llegado el momento de que hablemos de cómo lo estas pasando. Sony le paró: “espera las chicas tienen el pelo corto por akí, muchas de ellas, quiero que me lo cortes”. Pero no te voy a decir nada hazme lo que quieras. Confío en ti.

Regresaron a casa y ella se sentó a ver la tele mientras él preparaba todo. Se fue a la habitación y se puso su bata de peluquero, pero debajo solo se quedó con sus boxer (slips). La bata le cubría hasta la rodilla más o menos y se la cerró en los botones. Estuvo preparando todo en el baño, unos minutos más tarde la llamó. Cielo, ven todo esta listo. Como el baño era pequeño no pudo poner su sillón de peluquería pero puso una silla como de director de cine. Sony miró sobre el mueble del lavabo y vió unas cuerdas de un metro de largas cada una, peine, cepillo, tijeras, maquina eléctrica, navaja, espuma de afeitar y dos pinzas, al lado había una capa pequeña colgada de una percha y otra más grande.

Tim le dijo: “Siéntate, mira hacia el espejo, no te voy a dejar que digas nada, querías un bob pero he pensado que realmente el bob no es el corte que deseas así que voy a hacerte otro, te dejo dos minutos con esta revista de cortes, cuando entre de fumarme el cigarro dime uno o lo elegiré yo”.

Regresó y ella eligió un bob, tenía el pelo al mentón y detrás rapado al 4 a media cabeza.

Tim le quitó la revista y la puso sobre el WC, cogió la capa larga azul de la percha y se la puso, ella le dijo: “no…” él la interrumpió. SCHHHHHHHHHHH calla solo estaba viendo como te queda, le hizo una foto para que viera el antes del corte y puso la capa en la percha. Cogió la pequeña e hizo lo mismo. Le dijo: “te lo cortaría con esta pequeña pero se que no te gusta así que lo haré como te gusta, un peluquero está pendiente de lo que quiere su clienta”, le quitó la capa y la puso en la percha. “te gusta sin nada pero no vamos a ensuciar esta bonita blusa así que vamos a dejar los hombros al descubierto”. Le abrió dos botones de la blusa y le bajo el cuello quedaba como un “palabra de honor” no se veían los pechos pero los hombros estaban al aire. Cogió una pinza y separó toda la parte alta del pelo. Comenzó a peinar el resto dejándolo totalmente lacio.

“Espera, la blusa es preciosa, no la vamos a llenar de pelos, espera”. Empujando los hombros de Sony hacia atrás comenzó a quitar los tres botones que le quedaban puestos. Levantó sus brazos y le quitó suavemente la blusa, Sony estaba entre asustada y a gusto, le apetecía ver su pelo sobre sus hombros y además parece que Tim (su bestia) como en la historia de Disney era alguien por quien empezaba a sentir algo que no era solo amistad. Entre esa mezcla de sentimientos miró al espejo y vio a Tim echarla hacia atrás por los hombros hasta que ella apoyó su espalda en la silla. Verás te va a gustar lo que voy a hacerte. Ella tenía los ojos muy abiertos, no perdía detalle de nada, cada vez que él iba al mueble a coger algo sus ojos le seguían y no dejaba de seguirle hasta que le perdía de vista momento en el que iba corriendo a mirar al espejo para ver.

Tim le dijo: “bueno he pensado en hacerte un corte especial, por el pc querías un bob pero he decidido otro y no va a ser el de la revista. Tranquila podrás peinarte no te voy a rapar pero sí algo especial, muy especial”. Nada más decir esto notó que las manos de Tim tenían el peine y las tijeras. Le miró de reojo hasta que se colocó detrás. La peinó un poco y se colocó en el lado izquierdo, ella parecía temblorosa. De pronto “tras” un mechón cayó sobre su hombro, a éste le siguió otro y otro, con rapidez y precisión iba dejando despejado el lado izquierdo. Mientras él salió a atender al teléfono, Sony se tocó y vió que apenas le había dejado un par de dedos de largo en todo el lateral. Regresó y empezó la parte de atrás, los mechones iban cayendo sobre la espalda de Sony, ella quería mirarse al espejo pero Tim le mantenía la cabeza baja. “no te puedes ver ahora, dejó las tijeras sobre el mueble y cogío el peine de corte, se metía los mechones entre dos dedos y los cortaba a navaja,… el ras ras estaba poniendo nerviosa a Sony, encima cambió la silla (de ruedas) puso a Sony mirando a la bañera. Al principio esto la enfadó un poco porque quería verse pero luego le gustó, de reojo veía las manos de Tim, sus piernas musculosas por haber practicado deporte le gustaban mucho, en esto Tim se puso delante de ella, se sentía húmeda, se estaba haciendo un corte en un baño y Tim estaba pasando de bestia a chico deseado, cada vez le gustaba más. Le bajó la cabeza y le quitó las dos pinzas y empezó a peinarla, solo le quedaba lo de arriba, al tener la cabeza baja notó que la bata de peluquero de Tim estaba algo abultada, “dios mío, también está excitado, esto la hizo mojarse aún más, menos mal que llevo pantalón que si no mojaría la silla”. Empezó a cortar con las tijeras todo recto para terminar el bob. Los pelos caían por delante llenando los pechos y el pantalón. En pocos cortes todo el pelo estaba recto.

La levantó y le dijo que se quitara el pantalón. En ropa interior (negra y con transparencias la metió en la ducha y le lavó el pelo a conciencia. Ella se duchó y se secó. La sentó en la silla de nuevo y le secó el pelo dejándoselo completamente lacio. Tim estaba completamente empalmado así que no pudo evitar hacer lo que deseaba. Besarla.

Su sorpresa fue que ella le abrazó y le besó con más intensidad. Estaba claro hoy dormirían juntos. El corte les había puesto a los dos y deseaban tener sexo. Se tumbaron en la cama donde ella quitó la bata y notó que lo que allí había era grande. Suspiró diciendo adiós al sexo anal. Pero él le dijo: “quieres sexo anal”, espera, sacó de su mesilla un bote de lubricante y un preservativo, mientras la besaba y tocaba por todos lados con la otra mano le llenaba el culete de lubricante (vaselina). Sony abrió el preservativo y se lo puso, Tim lo llenó de lubricante también y empezaron a besarse. Ambos notaban algo especial. Llegó el momento de penetrar a Sony le asustaba que ese tamaño le hiciese daño pero Tim la calmó de nuevo. SHHHHHH ponte boca debajo de rodillas y abre las piernas, pon las manos sobre la cama como si fueses un perrito a cuatro patas. Besándola y tocándola con dulzura introdujo un dedo, ella respingó, “ves es un dedo no te asustes relájate”, sin sacarlo empezó a introducir el pene, ella pensaba que era un dedo aún, cuando se dio cuenta la estaba penetrando por detrás muy suave, notaba algo de molestia pero no dolía, tras unos pocos empujones ya no molestaba. Hicieron el amor, primero anal y luego por el pubis en esa postura Tim le agarraba por los laterales del bob y le estiraba hacia detrás la cabeza fue espectacular.

Terminaron cuando él se corrió pero Sony se había corrido ya en ese momento 4 veces. Sobre todo con la lengua de Tim. Nunca había visto una lengua moverse igual en su clítoris. Estuvo derrotada, sin apenas poderse mover. Se abrazaron y se contaron sus historias personales. Miraron al cielo por la ventana y dieron gracias por tener un momento tan feliz.