Roci Ito (skgr)

Me miro en el gran espejo de mi vestidor. Estoy estupenda a mis 40 años. Delgada. Sin estrías. Mis pechos aún están firmes. Bastante firmes. Bueno, a mis 42 años.

Me gusta mi melena. Es una melena exagerada. Excesiva, como era mi madre. Rizosa. Roja. O castaña. Me la pongo delante. Me la recojo detrás. Me hago un moño. Me sobra.

-¡Me voy a la peluquería!- le grito a Fidel desde la puerta.
Conduzco pensativa. ¿Qué voy a hacer en la peluquería?¿Qué voy a decir?¿Me atreveré a pedir lo que me apetece? Lo que atraviesa mi mente las últimas noches, cuando me despierto de madrugada.

-Hola guapa- me saluda efusiva Marián mientras me da dos besos -¿vienes a ponerte guapa para esta noche?
-Si. Bueno. No se si pegar un cambio.
-¿y eso? Nochevieja no es el mejor día para cambiar. Tienes una melena tan bonita…
-Me apetece mucho volver a raparme los lados, como hace unos años.
-A mi no me gustaba nada como te quedaba. Recuerda cómo se metieron contigo en las revistas.
Se me tensó la cara. -Yo creo que lo importante es que me guste a mi. Me arrepiento de habérmelo dejado crecer solo por las críticas de quienes no me conocen.
-Bueno. Tranquila. Yo solo te digo mi opinión. ¿Y de largo vas a querer cortar?
-No.

Empezó a peinarme y desenredarme la melena. Me separó una capa que empezaba a mitad de camino entre la oreja y la sien.

-¡Eso es muy poco! -protesté- rápame más arriba anda. Y que llegué a la nuca.
-Mira qué eres…No te conformas con nada- volvió a separar el pelo. Todavía me parecía poco pero no me atreví a decir nada. -pero en la nuca ¿te dejo pelo en el centro?
-Bueno -concedí.

Fue a por la maquinilla mientras yo me observaba la cola central elevada y las dos franjas que caían en los laterales llamadas a desaparecer.
La maquinilla tenía un peine demasiado grande.
-¿A cuanto me vas a rapar?- le pregunté desconfiada.
-Había pensado empezar al cuatro.
-Pues yo quería pedirte que lo hicieras al 0.
-¡Ni loca te rapo al 0! Lo que me diría tu madre, que en paz descanse, si te rapo al 0. Ni hablar.
Cuando mencionan a mi madre, me pongo triste. Me entristece que no esté, y me entristece que siga gobernando mi vida a través de lo que los demás creen que diría.
Mi cara llorosa ablandó a Marián -venga, no te pongas así, ¿que te parece si te lo rapo al 2?- dijo mientras cambiaba el cabezal -al dos todavía es decente- se dijo para convencerse a sí misma.

Me flipa raparme. Y estando así de largo todavía es más emocionante. Como caen los cabellos, sajados violentamente del cráneo. Mi cabeza se alijera.

-¡Ay! Lo que me haces hacer, Roci- se quejó mientras acaba de raparme. -¿cómo te vas a peinar?¿Te lo dejo suelto?
-No. Hazme una cola alta. Quiero que se me vea bien.

Abrió la puerta la propia María Teresa. -Hola guapísima. ¡Ay!¿Pero qué te hah hecho, mi niña? Pero Fidel, ¿cómo la hah dejado que se vuelva a rapar?
-A mi ni me consulta, Maria Teresa.
-Anda. No seáis antiguos.- les reñí yo.

Me levanté de la cama sin hacer ruido, para no despertar a Fidel. Salí a la calle con la excusa de comprar unos croissants aunque lo que quería era de sentir en mi cara (bueno, y en mis lados rapados) el frío del segundo día del nuevo año.

Pérdida en mis pensamientos me alejé más de la cuenta. Vi un cartel que ponía “Barberes” y dentro del local, una chica rubia, aburrida. Entré.

-Ah. Hola.- por su cara me pareció que le sonaba pero no acaba de identificarme. -No solemos cortar el pelo a chicas pero siéntate, por favor.

Me puso cuidadosamente la capa y me anudó alrededor del cuello ese tisú elástico que utilizan en las peluquerías de caballeros. Para hacerlo tuvo que recoger mi gran melena encima de mi cabeza. -Ah. Vas rapada- dijo interesada.

-Pues tu dirás- me invitó una vez que acabó de prepararme.
-Pues mira. Hace un par de días fui a mi peluquería de siempre. Quería raparme al 0. Pero ya ves, mi peluquera no quiso.
-¿Quieres que te rape al 0, entonces?
-Si- le respondí.
-Yo soy más de afeitar.
-¿afeitar?
-Si. Después de raparte al 0, te llenaré los lados de espuma y te afeitaré a navaja. Queda muy suave y la sensación es increíble. ¿Te parece?
Mi sonrisa fue suficiente respuesta para ella.

Empezó a cepillar mi gran melena. A probar varias separaciones. Hasta que me dijo. -Yo te raparía un poco más arriba- No era un poco, sino tres dedos más arriba por cada lado -¿te parece?
Asentí. Ya un poco nerviosa.

Cuando acabó de separarme el pelo me di cuenta que la nuca también entraba en el pack, aunque de eso no me había preguntado nada. Me quedé callada. Me hizo un gran moño en la parte de arriba que se extendía ligeramente hacia la coronilla.
-Tranquila. Cuando te lo sueltes no se te verá nada.
Asentí sonriente.

Cogió una maquinilla pequeña, muy fina, y empezó por la patilla derecha. Al principio no veía nada, todo estaba tapado por el pelo largo pero cuando llegó a la sien y cayó la cortina de cabellos supe que rapar al 0 para esta chica era algo más de lo que yo había imaginado. Un estremecimiento excitador me recorrió el cuerpo desde mi zona más sensible hasta mi nuca.
Siguió pelando todo mi lado derecho hasta donde la partición de la raya suele estar. Continuó por la parte de atrás. Caía mucho pelo largo. Otro tanto respecto de lo que me había rapado Marián.
Empezó a blanquear mi lado izquierdo. Así es como se veía mi cráneo: muy blanco. Muy blanco y un moño encima.

Extendió la espuma con un brocha. Deleitándose. Pintando mi cuero cabelludo. Ahora sí que estaba blanco.

Extrajo la cuchilla usada de la navaja delante de mis ojos y colocó la nueva hoja. Agarró mi cabeza y la inclinó hacia la izquierda. Colocó la navaja donde empezaba mi pelo, allá arriba, por encima de mis ojos, de mi sien, y la arrastró hacia abajo, pelando lo que se encontraba por delante. Suavizando mi piel.

Mi cráneo fue pasando del blanco irregular, jabonoso, de la espuma de afeitar, al espejo pulido que ahora era mi cuero cabelludo. Yo seguía con esa sensación tan excitante, tan preocupante, como si estuviera haciendo una travesura, que me entraba por la entrepierna y me recorría eléctricamente la médula espinal.

Me tocó. Me acarició las cuatro quintas partes amafeitadas de mi cabeza. -¿a qué mola? La sensación, digo.
-Siiiii- le respondí con un suspiro.
-Ven. Voy a lavarte la cabeza.
Me dio un largo masaje craneal. Deleitándose en las zonas sin pelo. Yo me mordía el labio mientras ella sonreía.

-Ahora no tardarás nada en secarte el pelo- me dijo mientras encendía el secador y el aire caliente ahuecaba mi escasa melena, separándola de mi cráneo rasurado.
-Mira- me enseñó -suelto apenas se nota el afeitado. Tienes tanto pelo que aún así de rapada tienes mejor melena que la mayoría. ¿A que te queda más ordenada con menos volumen?
-Si. Me veo muy bien- hice ademán de levantarme pero me retuvo con su mano en mi hombro.
-Espera. Te voy a peinar. A mi manera.
Y me hizo una trenza de raíz. Empezando en la frente, hasta la coronilla, y que continuaba colgante hasta la nuca. Se me veía despejada, fresca, joven, juguetona, radical.

Mirándome al espejo me dije -Si. Esta si soy yo.