1.
Aún soñolienta, me desperecé estirando mis pies desnudos en el asiento mientras la voz del Comandante anunciaba por megafonía la llegada a nuestro destino.
A través de la ventanilla del avión divisé el río de carreteras y las casitas blancas de la isla y fue entonces cuando empiezo a sentirme verdaderamente de vacaciones tras los difíciles acontecimientos de los últimos meses. (más…)