Un fetichista adolescente (Flattoper)

Se acabo el verano. Se acabó lo bueno. O eso es lo que suelen pensar las demás personas, pero yo no soy como las demás personas. Mientras que mis amigos se dedican a contemplar los cuerpos desnudos de las las chicas de las revistas guarras, mi mirada no se aparta de su pelo, sus peinados, su color… Y mientras ellos fantasean con rozar cada centímetro de sus cuerpos yo fantaseo con acariciar y cortar cada centímetro de esas melenas.

Como se inició en mi esto, es difícil de saber y no pocas veces me lo pregunto. Sería aquel verano en que mi madre le cortó el pelo a mi hermana en ese poco agraciado bowlcut cuya nuca rapada me persiguió durante incontables noches y que desde entonces ella mantiene así, oculta bajo su larga melena?. Será por las incontables horas acompañado a mi madre la peluquería? Quizá. O Quizá ese impulso siempre estuvo ahí desde el principio. Difícil saberlo. E incluso durante mucho tiempo pensé que era él único con ellos. Nada más lejos de la realidad.

Pero hoy no es día de divagaciones y pensamientos profundos, hoy se acaba el verano, hoy es el primer día de curso y aunque para muchos como digo se acabó lo bueno, para mi no. Para mi es la guinda de pastel. El verano, ha sido siempre una época de cambios, y no pocas personas deciden hacer cambios en sus vidas y como no en su pelo. Y el primer día de curso es el día de comprobar si alguna de las fantasías imaginadas durante el verano se han hecho realidad, y esa excitación de no saber con que te vas a encontrar hacen para mi de este día, al contrario que para el resto de personas, uno de los mejores del año.

El verano lo pasé como siempre junto a mis padres es un pequeño pueblo del Estado de Maine, cuyo nombre no diré, junto a un pequeño lago cuyo nombre tampoco será mencionado. Era un pueblo que parecía haberse quedado estancado en los años 50 y podría haber sido el escenario de cualquier novela de Stephen King, con su calle principal con su taller, su ferretería, su bar, su peluquería y su tienda de comestibles. Y precisamente en esta última tenía siempre mi primera parada cada verano para surtirme de un buen puñado de regalices rojos que luego apostaría en algún juego con los chicos de la pandilla. Pero no sólo para eso. Allí solía estar Cindy, hija mayor de los Connor, dueños de la tienda. Cindy, de 17años, preciosa sonrisa, simpáticas pecas y larga melena pelirroja que cambiaba de peinado con la misma frecuencia con la que ella se aburría del mismo, aunque a mi personalmente me encantaba cuando lo llevaba recogido en dos coletas bajas por encima de los pechos.

Esta vez Cindy no estaba en la tienda y me atendió la señora Connor, cuya melena también pelirroja debo admitir provocaba no pocos impulsos en mi. Fue al salir cuando escuché su melódica voz a mi espalda:

– Ey Jimmy! Me alegra verte de nuevo por aquí.

Me giré para responderle pero las palabras salieron a trompicones de mi boca mientras mi cerebro intentaba asimilar lo que no estaba preparado para ver.

– Ho…Hola Ci…Cindy.

Allí estaba la pecosa y pelirroja Cindy, pero su melena no. O no del todo. Su pelirroja melena que antaño le llegaba hasta debajo de los pechos ahora sólo le llegaba hasta la mitad del cuello. Su pelo ondulado y con mucho volumen junto a la camiseta ajustada a rayas rojas y blancas y los vaqueros super cortos, la hacían parecer una chica pin-up de esas que que Lucke tenía en los calendarios del taller y que en más de una ocasión los chicos y yo nos intentamos llevar cuando estaba distraído. Mi ritmo cardiaco parecía acelerarse y antes de que pudiera volver a su estado normal, algo más captó mi atención. Su mano derecha. Un cigarrillo? Si. En su mano derecha Cindy sujetaba un cigarrillo. Fumando! Cindy estaba fumando! Mis ojos no sabían donde detener la mirada si en el cigarrillo o en su nuevo corte de pelo. Ella pareció darse cuenta y lentamente, sin perder la sonrisa, y mientras se ponía un mechón de pelo con la mano izquierda por detrás de de la oreja, gesto que siempre elevaba mi pulsión lo hiciese quien lo hiciese, llevó el cigarrillo a la boca y le dio una lenta calada e igual de lentamente lo separó de sus anaranjados labios y exhaló el humo hacia el cielo azul de Maine.

– Dile a tu hermana que esta noche las chicas hemos quedado en la vieja bolera después de cenar. Espero que se pase por allí.

Intenté responder aparentado estar o más calmado posible, pero las palabras volvían a atascarse en mi boca – Se…se lo diré Ci…Cindy. Como pude me di la vuelta y salía a escape de allí mientras escuchaba de fondo la melódica risa de Cindy mientras seguramente le daba otra calada al cigarrillo.

La imagen de Cindy con esa melena al cuello y el cigarrillo humeante entre sus manos quedó grabada a fuego en mi mente y debo reconocer que este verano ha sido en el que más regalices he comprado y comido en toda mi vida.

Ni que decir tiene que mi hermana no fue a la única a la que conté el plan de las chicas para esa noche y que los chicos y yo la pasamos espiándolas desde una vieja claraboya de la vieja bolera, y fue una noche para no olvidar. pero esa es otra historia que debe ser contada en otro momento.

Pero la de Cindy no fue la única sorpresa que me deparaba el verano. Aquella misma tarde mientras estaba con los chicos cerca del embarcadero del lago, vi a April, la hermana pequeña de Cindy. Nada más verla me di de que se iba pareciendo a ella cada vez más con el paso de los años. Igualmente pecosa pero con el pelo más rubio aunque con algunos reflejos pelirrojos naturales, solía llevar como Cindy la melena larga la altura de los pechos. Esta vez la llevaba en dos coletas bajas como solía hacer su hermana, lo que hacía que el parecido con ella fuera más notable. Estaba medio de espaldas así que la puede contemplar durante bastante tiempo sin que se percatará. Inesperadamente si dio la vuelta y al verme una sonrisa a modo de saludo se dibujo en su cara. Intenté emularla pero mi vista y mi mente se habían quedado fijas en el flequillo que lucía desfilado tapando parte de las cejas y que hacia resaltar su rostro como nunca.

Se acercó hacia mi mientras yo seguía sin capaz de mover un sólo músculo y mi mirada no se apartaba del flequillo.

– Ey Jimmy! – su voz era igual de musical que la de su hermana – parece que has visto un fantasma. Estas bien?
– Yo..eh… – de nuevo mi pulsión se aceleraba, pero antes de que pudiera responder coherentemente, ella se dio de lo que miraba con tanta fijación.
– Es por el flequillo? – Se lo tocó y tiró de él hacia abajo suavemente – Me aburría y me lo corté. No veas como se enfadó mi madre. Se echó a reír con esa risa contagiosa que me hizo sonreír para terminar riendo como ella.
– Pues tu hermana también se ha hecho un buen corte – le dije mientras aguantaba la risa.
– Calla, calla. Aquel día casi le da un infarto a mi madre – y estallamos en risas de nuevo.

Una de sus amigas la llamó para que volviera con el grupo, ella se acercó más, me dio un beso en la mejilla y se fue. Y allí me quedé inmóvil hasta que escuché a los chicos por detrás con la típica cantinela:

– Jimmy tiene novia! April te ha besado!

Y una sonrisa se fue formando en mi cara mientras mi mano acariciaba la mejilla que sus labios habían tocado. Si, April me había besado en la mejilla y no sería la única vez ese verano, ni el único sitio donde lo haría. Pero esa es otra historia que debe ser contada en otro momento.

Pero centrémonos en lo que nos ocupa realmente. Como decía al principio, el verano siempre dejaba la guinda para el final, y hoy era el día de comprobar si alguna de mis fantasías se habían hecho realidad. Así pues salí de casa con el ritmo del cuerpo acelerado sin saber lo que me iba a encontrar, lo que hacía que mi pulsión se hallará por las nubes. Dos casas más adelante, en la acera de enfrente divise a Katty con su madre y llevaba como siempre su pelo con raya a la mitad y recogido en dos largas y apretadas trenzas. Unos metros más adelante la esperaba Lilly con su aburrida melena rubia coronada con su eterna cinta blanca remarcando su flequillo recto. De momento no había suerte.

Absorto como estaba mirando las chicas ni me había enterado de la llegada de Max en su bici. Nos saludamos y quedamos en vernos más tarde en clase. Max salió disparado en la bici y yo seguí el camino a pie hasta el instituto. Me quedaba una aparada, la casa de Thiffani. Su madre solía cortarle el pelo durante el verano aunque no mucho, unos dedos nada más. Habría decidido esta vez ir más allá? Mi pulsión se aceleraba cuanto más me acercaba a la casa, imaginándome multitud de escenarios, pero mi castillo de naipes se vino abajo en cuanto giré la esquina, pues allí estaba ella con su acostumbrada melena que había sufrido el acostumbrado corte veraniego de unos cuatro dedos o así que calculé a la distancia. Decidí no pensar más en el tema, y aceleré el paso hacía el instituto, Max y el resto de la pandilla debían estar esperándome y quizá allí tuviera más suerte.

Llegue al instituto pero parecía que no iba haber suerte este año, algo que no debía sorprenderme porque prácticamente nunca había sorpresas, y este año tampoco tenía porque ser diferente. Sin embargo, cuando estaba dejando las cosas en la taquilla me pareció ver algo por el rabillo del ojo. Miré con cuidado a través de la puerta de la taquilla y vi una chica con una melenita, prácticamente bob rozándole ligeramente los hombros. Mi pulsión se aceleró esperando a que se diera la vuelta para verle la cara. Y no tardó mucho en hacerlo, por suerte la puerta de la taquilla me protegía de su vista y me permitía mirar sin ser visto. Era Alice! la jefa de las animadoras!. Fue algo totalmente inesperado ya que las animadoras mantenían siempre sus melenas largas para hacerse esos típicos peinados de animadora. Pero, la chica de la eterna melena dorada estaba ante mi con una melenita que apenas rozaba los hombros. Estaba junto a un grupo de chicas, todas del equipo de animadoras y parecían estar hablando precisamente del drástico cambio de Alice. Algunas le tocaban el pelo y otras se miraban y tocaban el suyo propio como si estuvieran pensando en cortárselo también. Una sonrisa se dibujo en mi cara, si la jefa de animadoras y una de las más populares se había cortado el pelo, era seguro que muchos querrían imitarla. Este sin duda iba a ser un gran año para mí.

Sonó la sirena de inicio de las clases, Alice y sus amigas se dirigieron hacia su aula y fui detrás de ella saboreando cada momento de ese bob y esa nuca casi al aire. Entraron en su aula y yo me dirigí a la mía donde tenía clase con la Srta. Evans, mi clase preferida. La Srta. Evans lucía una larga melena morena que solía cambiar con bastante frecuencia de peinado e ir a sus clases siempre aumentaba mi pulsión pues nunca sabia que me iba encontrar: larga trenza, coleta alta, coleta baja, suelto… un sin fin de posibilidades.

Sin embargo en esta ocasión no estaba preparado para ver lo que me esperaba. Entre en el aula todavía con la cabeza girada hacia Alice y cuando la volví quedé paralizado y mi pulsión se aceleró como nuca. La Srta. Evans estaba junto a su mesa sacando cosas de su maletín y su melena había sufrido un cambio drástico. Ahora lucía un Bob bastante corto que por delante bajaba un poco por debajo del mentón y se iba inclinando ligeramente sin llegar a exponer las orejas. Pero lo más llamativo era que la melena había dejado ser morena para tener un ligero color rojizo aunque más marcado que unos simples reflejos y que se acentuaba con el sol que entraba por la ventana. No se el tiempo que estuve paralizado, sólo sé que volví a la realidad al escuchar una voz femenina llamándome con ligero tono musical: – La Tierra llamando a Jimmy!, seguido de unas risas generalizadas de toda la clase. Rojo de vergüenza y sin mediar palabra me dirigí a mi pupitre, al lado de Max y Luke que me miraban con cara de no saber que estaba pasando. Me pasé toda la clase con la mirada fija en la Srta. Evans esperando que se dise la vuelta para escribir en la pizarra para poder verle la nuca, acto que realizó en varias ocasiones en el transcurso de la clase. Aunque apurada, la nuca no tenía un undercut, al menos visible y no había nada que delatara su presencia oculta. Terminada la clase la gente salió escopeteada pero yo decidí recoger la cosas lentamente para deleitarme los más posible de este regalo que me había traído el fin del verano mientras la Srta. Evans borraba la pizarra y recogía sus cosas.

En un momento dado y antes de que pudiera reaccionar ella levantó la mirada y me miró mientras recogía suavemente un mechón delantero y lo ponía detrás de la oreja en ese gesto que ya he comentado anteriormente me vuelve loco. La luz que en ese momento entraba por la ventana incidía de lleno en su pelo lo que aumentaba más el brillo y el tono rojizo de su pelo. Ella pareció darse cuenta de que miraba fijamente su pelo y agarrando suavemente un mechón y sonriendo ligeramente se acercó a mi.

– Estas bien Jimmy? Te noto raro desde que has entrado. Es por mi pelo? – Me pilló de sorpresa, y no sabía ni que contestar.
– Yo… Srta. Evans… esto… no lo esperaba..yo…- sentí que me estaba poniendo colorado y sólo quería que esto terminase cuanto antes. Su sonrisa se amplio algún más.
– La verdad es que yo tampoco. Fue cosa de Margaret la de la peluquería del centro comercial, estuve hace un par de semanas allí y me sugirió un cambio y la verdad estoy bastante contenta con el resultado.
– Mar…Margaret? – el nombre salió de mi boca sin pensarlo.
– La conoces?
– Bu…bueno…si…alguna vez me he cor…cortado el pelo allí. La ver…verdad es que le…le queda mu…muy bien Sr..Srta Evans.
– Gracias esta tarde pasaré potra vez por allí para hacer unos retoques, quiero mantenerlo durante un tiempo. Venga Jimmy que te vas a perder la clase del Sr. Browsky.

Salimos del aula y mientras ella se dirigía a la sala de profesores yo me dirigí a la clase del Sr. Browsky mientras en mi cabeza todo daba vueltas. Margaret? Margaret! Sería posible que ella… Oh! si claro, era casi seguro. Lamento confesarlo pero mentí a la Srta. Evans. Claro que conocía a Margaret. Ella era la única que conocía mi pulsión, la que me enseñó todo sobre ella y la alimentaba siempre que podía. Antes de conocerla pensaba que el era él único con esos sentimentos y esas sensaciones pero ella me enseño a conocerme a mi mismo y que yo no estaba sólo.

La peluquería donne trabaja Margaret estaba en el Centro Comercial y era unisex por lo que me encantaba ir para aprovechar y poder ver como le cortaban el pelo a las chicas. No se como ni cuando Margaret descubrió mi secreto, pero estaba claro que yo era un libro abierto para ella. Empecé a notarlo cuando iba a contarme el pelo y mientras esperaba mi turno, Margaret giraba ligeramente las sillas de sus clientas de vez en cuando de forma que yo tuviera más visibilidad y pudiera ver mejor lo que hacía. Me decía a mi mismo que era casualidad aunque en mi foro interno sabía que pasaba algo raro. Finalmente un día ella me contó que había notado como miraba cuando le cortaban el pelo a las chicas y me contó todo sobre el fetichismo del cabello y fue cuando supe que no era el único y que incluso tenía un nombre científico, tricofilia. Desde entonces me llama “su pequeño fetichista” y procura alimentar mi fetichismo siempre que puede, sentándome en sitios donde viera mejor, preguntándome mi opinión sobre el corte que le daba a algunas chicas y el sumun llegó por mi cumpleaños cuando me hizo el mejor regalo que podía esperar, que decidiera su corte de pelo e incluso me dejó participar en el mismo. Y no os podéis imaginar como de excitante es rapar por primera vez la nuca a una chica: sentir la maquinilla por su nuca, acariciar esa nuca rapada, sentir el placer que todo aquello le producía a ella también… buff, el mejor regalo de mi vida. Y ahora… ahora Margaret había convencido a la Srta. Evans, de la que tanto la había hablado para hacerse ese cambio drástico. Si, estaba seguro de ello, tan seguro como que en esos momentos estaría sonriendo pensando en mi cara al verlo.

Pero otra cosa revoloteaba por mi mente, la Srta. Evans dijo que pasaría estar tarde por allí para retocarse. Por qué me lo dijo? Habría notado también ella algo como hiciera Margaret? No lo sabía pero lo que si sabía es que no podía perdérmelo por nada en el mundo.

El resto de clases se desarrollaron como siempre y durante el almuerzo busqué un sitio en la cafetería lo bastante cerca de las animadoras para seguir contemplando a Alice y su nuevo bob pero lo suficientemente lejos como para pasar desapercibido. No pude disfrutarlo mucho porque enseguida como ya he dicho vinieron mis amigos y Max me puso al día de las novedades comicqueras y cinéfilas que me había perdido o que estaban a punto de salir. Una de ellas era que acaba de salir el último número de Thor.

Tenía la excusa perfecta para pasar por el centro comercial y además con un poco de suerte vería también a Rachel. Rachel trabaja de vez en cuando en la tienda de Comics ayudando a su hermano Bill que era el dueño. Era una chica de unos 18 o 19 años y vestía siempre con una estética punk-rock lo que reflejaba en su pelo que no dejaba de cambiar de color ni de corte, cada cual más llamativo que el anterior, nuca sabía con que me iba a encontrar y eso hacía que pasar por al tienda de cómics aunque no comprase nada fuese siempre interesante.

Tras las clases de la tarde, la merienda en casa y hacer los deberes, fui como tenía planeado al centro comercial disfrutando de un agradable paseo en bici. Lo primero que hice fue acercarme a la peluquería de Margaret o Maggie que es como la conocían todos. De momento ni rastro de la Sra. Evans ni de Maggie aunque por la ventana vi a Eve, una de sus chicas hablando con una clienta, me vió y me saludo con la mano, otra de sus chicas, Steffy, también andaban por allí. Decidí hacer tiempo y pasar por la tienda de cómics. No había nadie y de la parte trasera apareció de repente Rachel que había escuchado el sonido de la campanilla de la puerta:

– Jimmy! Me alegro de verte de nuevo por aquí. Ya han empezado las clases?.

Rachel estaba espectacular. Llevaba el pelo super corto en los laterales y nuca y la parte de arriba bastante más largo aunque no demasiado y peinado hacia delante haciéndole cierto flequillo despuntado sobre la frente. Mientras que los laterales y nuca se mostraban con su color natural, negro, la parte de arriba más larga tenía un bonito tono azul oscuro.

– Si, hoy era el pri…primer día Rachel. Venía a por…por el nu…nuevo número de…de Thor – una vez más como siempre las palabras parecían salirme a trompicones.
– Ah! Claro! Te lo tengo guardado por aquí, ahora te lo doy.

Rachel se di la vuelta para buscar detrás del mostrador y pude apreciar mucho mejor el gran trabajo de máquina apurando laterales y contorneando la nuca.

– Toma aquí lo tienes Jimmy!
– Gra…Gracias. Por…Por cierto. Bo…bonito corte de pelo. Te que…queda muy bien.
– Gracias Jimmy. Ha sido de idea de Maggie, me lo he hecho en la hora de la comida y creo que lo mantendré así durante un tiempo aunque no se si le gustará a mi novia.

Por un momento me quede casi bloqueado. Maggie? Ella otra vez? No podía creerlo. Pero había otra cosa de que resonaba en mi cabeza. Novia? Ha dicho que tiene novia? Mi pulsión, acelerada por ver a Rachel con ese corte de pelo, aumentaba sólo con imaginármela besando a otra chica. Los chicos iban a alucinar cuando se lo contase.

– Se…seguro que le gusta tanto co…como a mi – le dije tras asimilar todos los datos.
– No lo tengo yo muy claro. Ella es bastante más convencional que yo- dijo Rachel arrugando un poco la frente – . Aunque… – sus ojos brillaron y una sonrisa maliciosa comenzó a dibujarse en su cara – quizá… el próximo día que venga a buscarme podría presentarle a Maggie y… estoy segura de que ella podría hacerle cambiar de opinión y hasta me apostaría algo que sería capaz de convencerla de hacerse algún cambio…más de mi estilo. No crees?
– Si..si tu lo dices, será. – dije intentando contener mi entusiasmo.

Por su supuesto que lo creía. Maggie era una experta en convencer a sus clientas de cualquier cosa y Rachel lo sabía también como yo. Si ponía a su novia e manos de Maggie cualquier cosa sería posible y yo estaría ahí para verlo.

– Bu..bueno Rachel, pues ya…ya me contarás.

Me despedía de Rachel y me dirigí hacia la peluquería. Me aposté en unos sillones cercanos pero con buena visibilidad de la misma, y que tantas y tantas oras veces había utilizado para ocasiones similares. Además el cómic de Thor me servía a las mil maravillas para ocultar mi rostro de miradas indiscretas.

No había ni rastro de la Srta. Evans. La peluquería estaba casi vacía y me fijé en una de los sillones donde Eve le estaba rapando la nuca a una chica rubia. La rapada era bastante conservadora, sólo llegaba hasta la mitad de las orejas y no parecía hecha con un número muy bajo, un 3 probablemente. Seguramente era la primer vez para la chica y no quería arriesgar mucho. Eve había prácticamente terminando y estaba repasando los contornos para darle una forma estéticamente agradable a la nuca rapada. Lástima no haber llegado un poco antes y haberla visto en plena acción. Eve le dijo algo al oído a chica y acto seguido ésta pasó su mano por la nuca, aunque no podía oir lo que estaba diciendo estaba seguro de que estaba sintiendo un placer absoluto.

Tan absorto estaba con la chica y Eve que no me había percatado de la presencia de la Srta. Evans hasta que estuvo dentro de la peluquería y saludó a Eve. Por un momento, entré en modo pánico. Me habrá visto al pasar? Si lo ha hecho, se habrá imaginado que hago aquí? Se habrá dado cuenta de lo que estaba haciendo? Pero todas estas dudas se disiparon cuando vi que la Srta. Evans saludaba también a la chica rubia del sillón. me pareció extraño, no se porqué y aumentó mi deseo de que se diera la vuelta para verle la cara. Eve, tras saludar a la Srta. Evans., la cual se sentó en otro sillón seguramente esperando a Maggie, quitó la pinza que sujetaba el pelo de la chica rubia en la parte superior de su cabeza y una pequeña cascada dorada calló suavemente. La chica llevaba el pelo cortado en un bob que le llegaba justo, justo a los hombros y que ocultaba a la perfección la nuca rapada como un celoso secreto. Cuando Eve giró el sillón para que la chica se levantará puse tal cara de asombro que no hubiese pasado desapercibida para nadie que hubiera estado a mi lado, por suerte estaba sólo. Alice! Era Alice, la jefa de animadoras que no sólo se había cortado el pelo en un bob sino que además había decidido hacerse un undercut. Esto sería una revolución en el instituto y si las chicas se animaban a imitarla…buff. no podía ni pensarlo.

Ese momento apareció Maggie y por un momento quedé en shock. Había abandonado su bob con nuca rapada por un increíble flattop, perfectamente apurado en laterales y nuca y perfectamente recto en la parte superior la cual llevaba teñida de un tono que no terminaba de distinguir bien desde mi posición pero que estaba entre morado y ciruela. Maggie saludo a la Srta. Evans y a Alice a la que le preguntó algo mientras introducía su mano por la nuca para acariciar su nuevo undercut. A la vez que lo hacía giró la cabeza y miró por la ventana hacia donde yo estaba, me vio y me guiño un ojo. Debía haberlo imaginado También estaba detrás del cambio de Alice. Maggie estaba haciendo todos mis sueños realidad.

Cindy salió de la peluquería y la seguí con la mirada hasta que la perdí de vista y pude ver como no dejaba de meter su mano por detrás para acariciar su nuca rapada. Sin duda en breve volvería a por más. Volví a fijar mi atención en la Srta. Evans que ya tenía puesta la capa por encima.Parecía discutir algo con Maggie, finalmente la Srta. Evans asintió con la cabeza y Maggie volvió a mirarme por la ventana con una sonrisa pícara en su cara. Humedeció el pelo con un spray de agua y empezó a seccionar el pelo de la nuca justo a la altura de la parte superior de las orejas y lo sujetó en la parte superior de la cabeza, mientras procedía a peinar el resto hacía abajo para dejarlo bien liso. Mi pulsión se aceleró por momentos. Estaba claro, le iba a rapar la nuca. Maggie parecía hacerme querer sufrir y empezó a trabajar la nuca con peine y tijeras. Parecía estar disfrutando del momento tanto como yo y seguramente así era. Después de rebajar bastante el volumen de la nuca, volvió a decirle algo a la Srta. Evans, dejo las tijeras y el peine y por fin cogió la maquinilla. Maggie giró sutilmente la silla para que pudiera ver ligeramente su cara pues sabía que me encantaba ver las caras de las chicas cuando sentían por primera vez una maquinilla por su nuca. La Srta. Evans no defraudó, mantenía los ojos cerrados y se mordía ligeramente el labio, estaba disfrutando. Para su desgracia y la mía la cosa no duró mucho. Maggie terminó de rapar y se tomó unos minutos para repasar los contornos y dejar la nuca rapada y bonita como ella solía decir. La rapada no había sido muy apurada, pero sabía que la Srta. Evans volvería en breve para repetir la experiencia y estaba seguro de que se atrevería a ir más lejos. Maggie dejó la maquinilla y soltó la pinza que sujetaba el pelo de la parte superior y lo peinó con un peine. Acto seguido cogió unas tijeras y por un momento pensé que le iba a dejar el undercut al aire pero se limitó a retocar el corte para posteriormente peinarla con el secador.

La Srta. Evans salió de la peluquería y la seguí con la mirada. Cuando paso a mi altura se paró en seco mirando en la dirección opuesta y con un gesto muy natural, y casi deliberadamente lento, levanto el pelo de su nuca dejando expuesta por un breve tiempo su nuca rapada. Después siguió su camino y la perdí de vista. Me había visto? Sabía que estaba allí? Fue casualidad? Algo me decía que no. Deseché esos pensamientos y me dirigí a la peluquería para saludar a Maggie.

– Jimmy! Mi pequeño fetichista. Te ha gustado el Show? – una pícara sonrisa ocupaba toda su cara. Por detrás también podía ver la sonrisa cómplice de Eve.
– Tanto como tu nuevo corte de pelo – le dije con otra sonrisa cómplice. Con Maggie la tartamudez de mi timidez desaparecía por arte de magia, con ella podía abrirme por completo porque me comprendía a la perfección.
– Si, bueno ya sabes con el calor del verano… Se paso la mano por su nuca rapada. espero que no te moleste. El bob con undercut que elegiste para mi era excelente también.
– No hay problema Maggie – una sonrisa maliciosa se dibujo en mi cara – siempre que me dejes repasarte el corte alguna vez.
– Mi pequeño fetichista – con una media sonrisa apoyó una mano en mi cabeza y me revolvió el pelo – sabes que nunca podría negarme pero quedan algunos días para eso. – Maggie cogió una maquinilla de la mesa – Sin embargo hoy toca retocarle el undercut a Eve, quieres hacerlo tu?
– Claro. Será un placer. – Maggie sentó a Eve en un sillón y preparó su nuca para que yo pudiera repasarla.
– Sabes Maggie, Rachel está encantada con su nuevo look y me ha dicho que está pensando en presentarte a su novia.
-Es una gran noticia. Lo estoy deseando – contestó como quien tiene algo ya planeado. Guiñandole un ojo conteste:

– Yo también.

Me acerqué a Eve y acaricié suavemente su nuca que efectivamente necesitaba ya un buen repaso. Encendí la maquina que empezó a vibrar en mi mano y muy muy despacio, la introduje por ella saboreando cada segundo de ese placer indescriptible que ambos estábamos sintiendo a la vez.

Si ciertamente, como dije al principio, se acabó el verano pero lo bueno acababa de empezar.